Por Carlos Batalla

Entre el 23 y 30 de mayo de 1962, Lima entera no fue la misma de otros años o de otros meses. Ella, como ciudad, se inundó de pánico, caos e impotencia. La razón fue la locura homicida de un sujeto que, sin mediar ningún diálogo o explicación, empezó a hincar y luego a cortar a varias personas, y entre estas buscaba especialmente a mujeres y niños.

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