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¿Cómo empezaron las transmisiones vía satélite en el Perú hace 50 años?

Estación terrena de Lurín

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Una enorme antena de 30 metros de altura es colocada en dirección al satélite “Intelsat II”, antes de ser inaugurada como la “estrella” de la Estación Terrena para Comunicaciones Internacionales Vía Satélite de Lurín, en Lima, nombre oficial de este nuevo centro tecnológico en el Perú. El gobierno militar de Juan Velasco Alvarado dijo que, a partir del 14 de julio de 1969, en que se iniciaron las funciones de la Estación, comenzaba “la era espacial en nuestro país”.

Las comunicaciones por satélite eran, efectivamente, la base para establecer contactos con el espacio exterior. Pero en la vida diaria de los peruanos, este recurso iba a ser imprescindible en las transmisiones televisivas vía satélite; es decir, de las imágenes en vivo y en directo.

Ocurrida seis días antes de la llegada del Apolo 11 a la superficie lunar (20 de julio), la inauguración de la Estación de Lurín fue un todo un acontecimiento, aunque moderadamente destacada por la prensa peruana, la mayoría de ella más interesada en las eliminatorias para el Mundial de México 70.

Estación terrena de Lurín

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Nuevo paisaje de las telecomunicaciones en el Perú

Las primeras acciones del régimen militar velasquista, que en octubre de 1968 había dado un golpe de Estado al gobierno constitucional de Fernando Belaunde Terry, fueron de carácter más político y social. Por primera vez revelaba un gesto positivo ante un avance tecnológico de tal magnitud.

Por eso, a las 11 de la mañana, el presidente Velasco Alvarado presenció la apertura oficial de la Estación en Lurín, al sur de Lima, un lugar elegido precisamente porque estaba libre de ruidos eléctricos, lo que permitía la alta calidad de las señales. Lurín era entonces un espacio desértico, de arenas soleadas, que servía regularmente desde hacía años como sitio donde se desarrollaban reuniones de aeromodelismo, pese a los fuertes vientos que cundía en la zona. Para complementar los servicios de la central de Lurín, se estableció una estación repetidora localizada en el Morro Solar de Chorrillos.

Juan Velasco Alvarado estuvo acompañado esa mañana de apertura por los padrinos de la Estación: su esposa, María Consuelo Gonzales de Velasco y el doctor Óscar Miró Quesada de la Guerra (Racso). Además, fue designado como jefe de la Estación, el ingeniero de origen chino, Carlos Chian Ch.

En la ceremonia, cuya bendición estuvo a cargo de Monseñor Luis Bambarén, tomaron la palabra el Comandante (r) Miguel Colina, presidente del Comité Interino de Telecomunicaciones y el ministro de Transportes y Comunicaciones, general Aníbal Meza Cuadra, para quien las comunicaciones internacionales debían “estar bajo el estricto control del Estado y sujetas a pleno dominio” (El Comercio, 15/7/1969).

Estación terrena de Lurín

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Por su parte, el Comandante (r) Colina dijo que la estación estaba calculada para prestar servicios “durante 15 años y que su costo se eleva a 3’825,000 dólares”. Las comunicaciones vía satélite eran una realidad que conectaría al Perú con otros países como Estados Unidos, Brasil, Chile, Panamá, España, Italia y Alemania; en realidad, con cualesquiera países donde existieran instalaciones similares.

Pero, ¿qué función inmediata para los peruanos cumpliría la Estación Terrena de Lurín? Desde ese primer día, el gobierno militar consideró que el Perú había ingresado al grupo de países de avanzada tecnología. El efecto inmediato fue el suministro de vías para telefonía, telegrafía y télex y, por supuesto, para la transmisión y recepción de televisión con señales extranjeras.

La construcción de la estación estuvo a cargo de la empresa japonesa Nippon Electric Company (NEC), que obtuvo la buena pro, tras una licitación convocada por el gobierno. La NEC estuvo debidamente supervisada por un comité interno del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. No olvidemos que la Estación, como indicamos al inicio, pudo operar gracias al satélite “Intelsat II”, uno de los tantos satélites artificiales lanzados al espacio, y que cubrían un tercio del mundo. El trabajo multinacional en la administración del sistema de satélites había sido impulsado por el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy.

A esa administración satelital fue invitado el Perú, entre otros países del mundo. Tal tecnología, probada rigurosamente en territorio estadounidense, fue de gran ayuda en el sistema de las telecomunicaciones internacionales. Pese a ello, los rechazos a ese paso tecnológico importante para el país no se hicieron esperar.

Estación terrena de Lurín

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

La “corriente pesimista”, como indica el editorial de El Comercio del 14 de julio de 1969 (el mismo día de la inauguración), decía que las comunicaciones vía satélite eran “poco prácticas” y que la empresa iba a ser costosa. Curiosamente, se reclamaba también que la Estación Terrena de Lurín debería estar bajo la administración de “una empresa extranjera y particular”. Algo de visionaria tenía esa posición pues en la década de 1990, el gobierno de Alberto Fujimori cedió la gestión de la Estación justamente a una empresa privada extranjera, aunque con el apoyo y la experiencia de los técnicos peruanos.

La apertura de la Estación Terrena de Lurín

Pese a todo, la jornada fue histórica. La nueva etapa de las telecomunicaciones en el país se inició cuando, al mediodía del 14 de julio, ante la presencia destacada de don Óscar Miró Quesada de la Guerra, el presidente Velasco Alvarado y su esposa Consuelo Gonzales de Velasco hicieron una llamada a larga distancia (contacto por satélite) con la Estación de Longovillos en Chile, a donde mandaron un saludo en nombre del Perú.

Luego vino un paseo de inspección por las instalaciones y los edificios de la Estación por parte de la comitiva presidida por el general Velasco Alvarado, su esposa y Racso. Por supuesto, lo que llamó notoriamente la atención fue la gigantesca antena parabólica. Los mensajes radiotelefónicos irían y vendrían, y asimismo los programas de televisión.

Estación terrena de Lurín

(Foto: Archivo Histórico El Comercio)

Por otro lado, las opiniones “anti vía satélite” y “antiespacial”, antimodernas en pocas palabras, fueron rechazadas por las corrientes progresistas dentro del gobierno y en los medios como el diario El Comercio, el cual apoyó el pago de la cuota del Perú al Communications Satellite Corporation (Comsat), lo que permitió iniciar el proceso y otorgar la licitación a la empresa Nippon Electric Company, que construyó así la tercera estación terrena de transmisión vía satélite en Sudamérica. Las otras dos las instalaron en Brasil y Chile.

Desde El Comercio, que libró una eficaz, decidida y solitaria campaña periodística para que la Estación se hiciera realidad, se proponía qué pasos siguientes se deberían dar para ampliar la telefonía en Lima, “en función del interés de los usuarios y del país”. La modernidad que ello implicaba permitiría asumir en las mejores condiciones “el problema de la desconexión del país”. El Comercio lo tenía claro: “No puede haber despegue económico sin una adecuada infraestructura de las telecomunicaciones”. Pero esto debía darse en medio de un debate público, señalaba.

Aquel día, 14 de julio de 1969, hace 50 años, el mundo estaba a menos de una semana del vuelo espacial más importante de la historia de la humanidad. El Apolo 11 ya se alistaba para su hazaña lunar y las noticias anunciaban también que Rusia había lanzado una “cosmonave sin tripulación” a la Luna. En Lima, más allá de una mezcla de temor y euforia por el lanzamiento del Apolo 11, la noticia de la antena de Lurín se había extendido a todo el país. Ya solo saber que las transmisiones vía satélite estaban aseguradas era motivo para que los peruanos pudieran empezar a soñar con el futuro.

Dos días después de la inauguración de la Estación Terrena de Lurín, el 16 de julio de 1969, el mismo día en que el Apolo 11 despegaba de la Tierra para llegar a su objetivo lunar, El Comercio publicó el primer aviso publicitario con los servicios del centro de comunicación con el mensaje: “Hable… con cualquier lugar del mundo VÍA SATÉLITE / Gane: TIEMPO, DINERO, NITIDEZ / Levante su teléfono, pida su llamada Vía Satélite y…. ¡Hable al instante!”.

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