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La historia de “El Cuento del Futuro”, inspirado en el viaje del Apolo 11

cuento del futuro

(Foto: Archivo El Comercio)

Luego de una encuesta en que se consultó a científicos y humanistas peruanos cuál sería la mejor forma de celebrar la próxima llegada del hombre a la Luna, el suplemento El Dominical de El Comercio decidió convocar, en junio de 1969, a un concurso de cuentos a nivel escolar. Se le llamó “El Cuento del Futuro” y el género era la ciencia-ficción, ya que se acercaba la proeza del Apolo 11, que logró alunizar el 20 de julio de ese año.

Con el apoyo de su director, el doctor Francisco Miró Quesada Cantuarias, El Dominical convocó a los escolares de tercero, cuarto y quinto de secundaria. Los trabajos debían tener menos de ocho páginas, ser escrito a doble espacio y en estilo libre. Otro elemento clave era que debían insertar conceptos científicos como parte de la trama del relato.

Los trabajos se recibieron, inicialmente, entre el 23 de junio y el 31 de agosto de 1969. Se anunciaban tres premios y menciones honrosas; todos los cuentos ganadores y con menciones serían publicados en El Dominical, pero solo el concursante que obtuviera el primer puesto tendría un honor especial: viajar a los Estados Unidos para apreciar en vivo el despegue del Apolo 12, el 14 de noviembre de 1969.

Óscar Miró Quesada de la Guerra (Racso), periodista con 50 años como divulgador de temas científicos y representante de El Comercio; Antonio Bacigalupo, presidente de la Sociedad para el Avance de la Ciencia; y Luis Jaime Cisneros, miembro de la Academia Peruana de la Lengua, formaban el jurado de este singular concurso de cuentos.

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(Foto: Archivo El Comercio)

El 29 de junio de 1969, en las páginas de El Dominical se publicó una breve entrevista a Racso, quien contestó con diligencia algunas preguntas sobre “El Cuento del Futuro”. ¿Qué buscan promover? Dijo: “El interés por la ciencia en una forma atractiva para todas las mentalidades. Sobre todo para los jóvenes, cuyo espíritu está siempre inquieto y con el deseo de conocer todo lo nuevo”. ¿Por qué solo escolares? Explicó: “Por los estudios que han hecho están en condiciones de darse cuenta de la importancia de lo que está ocurriendo en el mundo con el enorme progreso científico que en estos últimos tiempos han alcanzado un desarrollo increíble”.

Luego le hicieron una mejor pregunta: ¿Cómo vería usted el mundo del futuro? Racso contestó: “El mundo del futuro es muy difícil de contemplarlo en todos sus detalles. Sin embargo se puede tener ciertos atisbos de lo que será. La cibernética está haciendo una revolución en todos los campos de la actividad humana, porque con las máquinas que están creando de control y de extensión de cierta clase de conocimientos, especialmente en el ramo de los computadores, está dando lugar a una transformación de las industrias y al rápido progreso en muchos aspectos de la ciencia (...). La ciencia ficción, sobre todo la que hoy se dedica y en gran parte a lo que está ocurriendo por la conquista del espacio, los pone en contacto con la grandeza del universo, despertando en ellos una conciencia cósmica”.

El efecto literario del hombre en la Luna

“El Cuento del Futuro” animó no solo a los escolares de Lima sino también a los del interior del país. Las noticias de otras zonas parecían asegurar una masiva participación escolar. Por ejemplo, desde el lejano colegio Francisco Irazola, de la provincia de Satipo (Junín), El Comercio informaba que los alumnos leyeron en el periódico mural las bases para intervenir en el concurso. Dos jóvenes estudiantes de Satipo, Miguelina y Lucía Lanyi, dieron su testimonio: “Escribiremos al concurso y lo que más deseamos es ver transformado Satipo. Aquí carecemos de todos los adelantos modernos y no hay televisión. Solo el chisme no desaparece”.

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(Foto: Archivo El Comercio)

Si bien el plazo para entregar los trabajos terminaba el 31 de agosto de 1969, este se amplió por 15 días más, al 15 de setiembre. Durante los meses de julio y agosto, El Dominical había publicado reportajes y entrevistas breves a personalidades de las ciencias y las letras de diferentes partes del país, para despertar así aún más el interés en el certamen literario.

A una semana de terminar el plazo de entrega, El Comercio anunció que más de cien cuentos de ciencia-ficción habían sido remitidos a las oficinas del diario. Chicos y chicas de entre 14 a 17 años demostraban  la variedad y profundidad de su sensibilidad e imaginación, motivados sin duda por el vuelo espacial del Apolo 11 y el próximo vuelo del Apolo 12.

Era un concurso entre dos grandes vuelos espaciales hacia la Luna. Todos se volvieron por esos días algo “lunautas”. El premio mayor, donado por la Sociedad para el Avance de la Ciencia, era un pasaje ida y vuelta a Estados Unidos, con una bolsa de viaje y gastos de alojamiento pagados hasta el Centro Espacial Kennedy, en Florida, el lugar de lanzamiento del Apolo 12. Pero, ¿qué títulos destacaban entre los enviados hasta ese momento? Cuentos muy curiosos con títulos como “¿Quo Vadis hombre?”, “Poeta espacial”, “Viaje a Venus”, “El Marciano”, “Muerte sobre la arena roja”, “Viaje de experiencia”, “Viaje a la Andrómeda”, entre otros muchos.

Etapa final de “El Cuento del Futuro”

El 21 de setiembre de 1969, a una semana de haberse cerrado el concurso, se anunció en El Dominical una nueva fase del concurso: en colaboración con una editorial independiente (Editora Propsa) se decidió imprimir una selección de los cuentos más destacados. La gerente de la editora, Dora Narrea, escribió una carta al doctor Francisco Miró Quesada Cantuarias: “Hacía mucha falta en nuestro medio esta clase de competencia para descubrir nuevos valores”. Y ofrece editar “una selección de los mejores cuentos (…). Así en esta forma, creemos contribuir a la hermosa labor que ustedes han emprendido”.

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(Foto: Archivo El Comercio)

El producto de la venta de dicha antología de cuentos sería destinado a Fe y Alegría, como un apoyo a su campaña para recaudar fondos y poder realizar obras sociales educativas como el mantenimiento de escuelas en pueblos jóvenes de Lima y provincias. Para fines de setiembre, el jurado se encontraba en plena labor de selección y calificación de los más de cien relatos presentados. Hasta que se dio el nombre del joven ganador. Fue Jaime Alberto Guerrero Bazán quien, con el cuento “El Marciano”, ganó el concurso del suplemento El Dominical de El Comercio.

Guerrero, un estudiante del tercer año de secundaria, de 16 años, viajó a Estados Unidos para apreciar la partida del Apolo 12, el 14 de noviembre de 1969. “El Marciano” se había publicado íntegramente en El Dominical, el 9 de noviembre. Los editores reseñaron que era un “cuento que se inscribe en la tendencia de la ciencia-ficción, cuyo principal exponente es el escritor inglés Olaf Stapledon (1886-1950) y que procura elaborar una ética a partir de la imaginación sobre el futuro”.

Jaime Alberto Guerrero Bazán vive hoy -aparentemente- alejado de la literatura, en la ciudad de Sao Paulo, en Brasil. Tiene 66 años.

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