Por Carlos Batalla

Los diez reclusos que empezaron el motín esa mañana del martes 27 de marzo de 1984, todos ellos avezados delincuentes, cabecillas de bandas, acabaron muy mal. Buscaban ese día la libertad, la fuga libre, pero solo encontraron la muerte. Ocho de ellos fueron acribillados por las balas policiales o acuchillados por otros criminales.

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