Fútbol mundialEl domingo 3 de mayo de 1970, el aeropuerto internacional Jorge Chávez se convirtió en el epicentro de una expectativa que parecía eléctrica. Y es que la excitación se podía respirar en el aire húmedo del Callao. Eran las 11 y 20 de la mañana cuando el vuelo de Iberia, con 17 minutos de retraso, tocó pista trayendo consigo a la figura más esperada del año: Rita Pavone.
El domingo 3 de mayo de 1970, el aeropuerto internacional Jorge Chávez se convirtió en el epicentro de una expectativa que parecía eléctrica. Y es que la excitación se podía respirar en el aire húmedo del Callao. Eran las 11 y 20 de la mañana cuando el vuelo de Iberia, con 17 minutos de retraso, tocó pista trayendo consigo a la figura más esperada del año: Rita Pavone.
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Al abrirse la puerta del avión, la cantante de pequeña figura asomó su rostro amoscado de pecas y el grito de admiración fue unánime entre las más de dos mil personas que aguardaban. Rita Pavone, la estrella que vendía millones de discos, envuelta en un conjunto marrón y calzando unos sencillos mocasines que apenas la elevaban del suelo estaba en Lima.
Llegó de la mano de su esposo, el director y cantante Teddy Reno, quien venía con la misión de producir un show televisivo. Reno, un hombre de cine con veinte películas a cuestas, sería el arquitecto detrás de la magia que veríamos días después en las pantallas de Canal 4.


“Haré una revista para la TV.”, adelantó Rita apenas pisó suelo limeño, mostrando una seguridad que contrastaba con su aparente fragilidad física. La artista no perdió tiempo y confesó su admiración por nuestra compositora Chabuca Granda, a quien deseaba conocer y escuchar durante su breve, pero intensa estadía limeña.
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El país, por aquel entonces, vivía días de cambios políticos y sociales, con el Gobierno Militar implementando, por ejemplo, el horario corrido para los empleados públicos, pero el tema de conversación era uno solo: Rita Pavone era el nombre que resonaba en las radios y en las esquinas, desplazando por un momento las noticias de la coyuntura.
Su primera aparición en la pantalla chica estaba pactada para la noche del lunes 4 de mayo, a las 10 de la noche, bajo la señal del Canal 4. La expectativa era tal que muchas familias se reunieron frente a los receptores, esperando ver si la italiana era tan enérgica como decían las crónicas extranjeras.


RITA PAVONE EN ESCENA: EL DEBUT DE UNA ESTRELLA TOTAL
Aquel debut fue calificado de inmediato como “memorable”, una de esas noches que quedan grabadas en la retina de los televidentes por décadas. Durante una hora ininterrumpida, la Pavone no solo cantó; ella condujo, animó y dominó el escenario con una maestría de “show-woman” nunca antes vista en el medio peruano.
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La carismática Rita interpretó cerca de veinte canciones, un repertorio agotador que incluyó éxitos como “Il treno”, “Ay, Ay Ragazzo” y “Datemi un martello”. El público peruano, acostumbrado a presentaciones más estáticas, se rindió incondicionalmente ante la energía desbordante de la chica de Turín que parecía no cansarse jamás.
La producción de Teddy Reno fue impecable, logrando un programa de alta calidad internacional sin necesidad de una aparatosidad técnica excesiva. El acompañamiento musical estuvo a la altura, permitiendo que la voz y presencia escénica de Rita Pavone brillaran con luz propia en cada toma de cámara.
Pero la actividad de la cantante no terminaba en los estudios de televisión; apenas terminaba su programa, volaba hacia el corazón de San Isidro. En un exclusivo club nocturno del distrito, Rita se presentaba a la medianoche, ofreciendo un show íntimo para quienes buscaban verla en una faceta más cercana.
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Estas presentaciones en el night club de San Isidro se repitieron las noches del 4 y 5 de mayo de 1970, convirtiéndose en el epicentro de la élite limeña. Era el contraste perfecto: la masividad de la televisión abierta y la exclusividad del club nocturno, ambos dominados por la misma diminuta gigante.
La crítica especializada de El Comercio no escatimó en elogios, señalando que la Pavone era lo más destacado que se había presentado en la televisión local. “Sabe estar en el escenario y dominar a los espectadores”, destacaba la crónica, asombrada por la versatilidad de una artista que lo hacía todo bien.

RITA PAVONE EN LIMA: TALENTO QUE TRASPASA LA PANTALLA
Su paso por Lima fue breve —apenas tres días de presentaciones televisivas del 4 al 6 de mayo— pero su impacto fue sísmico para la industria. En una ciudad que aún guardaba ciertas formas conservadoras, Rita Pavone representaba la modernidad, el desparpajo y el talento sin fronteras que traía Europa.
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Toda la prensa especializada ratificaba que la cantante había cumplido con creces todas las buenas referencias que la precedían desde Italia. Se hablaba de su calidad vocal, de su innegable simpatía y de esa agradable voz que, pese a los años de carrera, seguía sonando fresca y potente.
Mientras tanto, en las tiendas de discos como Iempsa o El Virrey, sus sencillos de 45 RPM volaban de los estantes tras el éxito de sus apariciones. Canciones clásicas de Rita como “Il ballo del mattone” y “María Luisa” se convirtieron en los discos más solicitados por esos días, confirmando que el fenómeno Pavone era tanto visual como auditivo.

Teddy Reno, siempre en la sombra protectora y profesional, se aseguró de que cada puesta en escena fuera un éxito rotundo para su esposa. Esta colaboración familiar permitió que el “Show de Rita Pavone” mantuviera un estándar de calidad que pocos programas nacionales podían igualar en aquel 1970.
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Al final de su jornada, tras tres presentaciones estelares en Canal 4, la crítica fue unánime: Rita no solo era una cantante popular, era también una artista integral, completa, una diva simpática; capaz de sostener un espectáculo propio de larga duración y animar al público con humor.
La prensa de la época resaltaba cómo, a diferencia de otros artistas internacionales que venían solo a cumplir, Rita se entregaba en cada nota. Su carisma no era una pose para las cámaras, sino una extensión natural de su personalidad vibrante que conectaba de inmediato con el televidente.
RITA PAVONE: EL LEGADO DE LA ‘PECOSITA’ EN LIMA
Incluso en los comerciales de la época, la presencia de artistas de su nivel generaba debate entre los críticos, quienes cuidaban el lugar de las estrellas. Pero Rita estaba más allá de cualquier polémica menor; ella era el evento en sí misma, la razón por la cual Lima se detenía esos primeros días de mayo de 1970 a las diez de la noche.
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Sus movimientos en el escenario, su forma de interactuar con la orquesta y su capacidad para pasar de la balada al ritmo más movido eran lecciones de profesionalismo. Los técnicos de Canal 4 recordarían por años la disciplina de la pareja italiana durante los ensayos y las grabaciones en vivo.
Aquel mayo de 1970 fue claramente el mes de Rita, aunque al mismo tiempo hubo otros grandes lanzamientos musicales, como el nuevo álbum de Los Beatles. Sin embargo, la presencia física de la italiana en los estudios de Santa Beatriz eclipsó cualquier noticia discográfica que llegara por cable desde Londres.


La despedida de la cantante turinesa fue tan cálida como su llegada, dejando tras de sí una estela de admiración en los pasillos de la televisión peruana. Se fue con la promesa tácita de volver, habiendo conquistado un mercado que la conocía por discos, pero que ahora la amaba por su entrega.
Hoy, a más de cinco décadas de aquella visita, el recuerdo de Rita Pavone en Lima sigue siendo un hito en la historia de nuestra cultura popular. Aquella muchacha de metro cincuenta demostró que el tamaño de una estrella no se mide en centímetros, sino en la profundidad del rastro que deja.
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La “Pecosita” se marchó aclamada del Perú, no sin antes, según cuentan los memoriosos, encontrarse con su mejor imitador: el joven César “Loco” Ureta, de solo 25 años, y quien recibió la venia de Reno y de la propia Pavone para que la imitara siempre.
El paso por Lima de “La piel de zanahoria”, como le decían también en Italia, quedó grabado en la memoria de una generación que la vio triunfar en blanco y negro. Fue, sin duda, la semana en que la capital dejó de ser la “Ciudad de los Reyes” para convertirse, aunque sea por tres noches, en el reino de Rita Pavone.
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