VenezuelaEn 1936, las noticias internacionales describían a un mundo que se preparaba para una segunda guerra –no le bastó con la primera– y mostraba, además, cómo España se desangraba en una guerra civil sin precedentes. Pero las noticias que provenían del Perú y de Lima, especialmente, no expresaban menos peligro o inseguridad. Un caso, entre muchos, fue el del ladrón especialista en robar costosas máquinas de escribir y calculadoras modernas, las cuales hacían más fácil la vida cotidiana y laboral de mucha gente. Corría el mes de junio de ese año.
Juan Benavides no era el nombre de un delincuente, sino todo lo contrario. Era el del jefe de la Brigada de Asuntos Criminales (BAC), organismo policial de inteligencia e intervención, que se creó a comienzos de los años 30, en tiempos del presidente asesinado Luis M. Sánchez Cerro.
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La BAC, surgida de una reforma policial seria, formó parte de la Jefatura General de Investigaciones de la Policía. Entre otras funciones, realizaban patrullaje diario, es decir, andaban en la calle y, por eso mismo, la gente los sentía cercanos.

Con esa confianza ciudadana bien ganada, los agentes policiales de la BAC recibieron y escucharon al señor Ernesto Davis, un antiguo empleado de la Casa Milne Cía S.A., una empresa distribuidora ubicada en la calle Núñez, que era la cuadra 4 del jirón Ayacucho (luego jirón Antonio Miró Quesada).
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Davis llegó al local de la Brigada, muy temprano, ese viernes 19 de junio de 1936, para denunciar un asalto, que había ocurrido “en la madrugada, encontraron la puerta de la casa Milne abierta”. (EC, 24/06/1936).
Cuando ingresaron al local violado, los empleados de la empresa se dieron con la sorpresa de que habían desaparecido de sus vitrinas “tres máquinas calculadoras marca Original-Odhner, avaluadas en mi doscientos soles”. (EC, 24/06/1936).

Pero eso no fue todo. Días después, al realizar un inventario de emergencia, por las dudas, los empleados de la Casa Milne comprobaron “la falta de una máquina de escribir marca Underwood, avaluada en quinientos soles y otra máquina calculadora avaluada en cuatrocientos soles”. (EC, 24/06/1936).
De esta forma, en total, la Casa Milne CÍA S.A. perdió cinco máquinas valorizadas en 2,100 soles.
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¿QUÉ HIZO LA POLICÍA PARA ATRAPAR AL LADRÓN DE LA CASA MILNE?
La Policía armó un equipo especial dentro de la conocida Brigada de Asuntos Criminales. El jefe Benavides no lo pensó dos veces y nombró a dos investigadores que trabajarían a tiempo completo. Argumentó que esta racha de robos debía parar.
El agente Canessa y el agente Ramos se dedicaron exclusivamente a este caso; por eso, en poco tiempo, pudieron comprobar que “el robo en cuestión, por la forma y características en que se efectuó, hacía presumir que el ladrón utilizó una llave ganzúa”. (EC, 24/06/1936).

También concluyeron que el delincuente debió haber tenido un contacto o cercanía con la empresa Milne; ya que se revelaba que conocía bien la oficina, quizás fuera un empleado o un exempleado. Así, contaron con una buena hipótesis para profundizar sus pesquisas.
Fatigar las calles, observar el ir y venir de ciertas zonas de Lima, hablar con las personas indicadas, le permitieron al investigador Ramos –el más activo de los dos– saber que un sujeto estaba ofreciendo en venta unos productos similares a los robados esa madrugada del 19 de junio de 1936.
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Entonces, Ramos junto con Canessa planearon su captura. Primero, lo identificaron: se llamaba Baltazar Matos, y luego esperaron que hiciera un movimiento, que viera a alguien. Entonces, Matos se dirigió a la Casa E. Moreyra y CÍA., también en el Centro de Lima.
En ese conocido local comercial intentó recabar “una letra al portador por la suma de doscientos setenta soles, de la venta que hizo al señor Moreyra de dos máquinas calculadoras, marca Original-Odhner”, decía El Comercio (EC, 24/06/1936). Fue en esas circunstancias que el sospechoso fue atrapado.

¿LAS INVESTIGACIONES POLICIALES PUDIERON CONFIRMAR AL AUTOR DEL DELITO?
Una vez detenido Baltazar Matos, las pesquisas policiales se encaminaron hacia la total culpabilidad de este. Matos había hecho un plan meticuloso para robar en su ex centro de labores.
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El sujeto había trabajado en la Casa Milne hasta el mes de mayo de ese año. En esa ocasión, logró que el portero de la empresa le prestara la llave de la puerta principal por unas horas.
Entonces, Matos mandó a hacer un duplicado de la llave “en un taller de mecánica”, indicó El Comercio. Esperó pacientemente la noche anterior al robo; e hizo guardia hasta estar seguro de que no hubiera nadie en el local.

El ladrón, que luego se justificaría entre lágrimas diciendo que todo lo había hecho por su familia, ingresó a la empresa y, según confesión propia, robó allí tres veces: en el primer robo, obtuvo una “máquina de escribir”, la cual vendió en la “calle Correo Nº 150, al señor Alfredo Palliser”. (EC, 24/06/1936)
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El segundo robo fue una “máquina calculadora”, la que vendió al mismo Palliser; y, finalmente, el tercer robo: tres máquinas calculadoras, que guardó “en la calle Correo Nº 150″; estas fueron las que había ofrecido en venta al señor Moreyra. El empresario Moreyra, por su parte, fue quien dio la voz de alerta a la policía de investigación de la BAC.
Todo el material recuperado fue devuelto a la Casa Milne. El destino de Baltazar Matos quedó en manos de la Jefatura General de Investigaciones. Pero, sin duda, le esperaba una larga temporada en la cárcel.
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