Por Carlos Batalla

En la edición del 24 de setiembre de 1933, El Comercio abordaba un problema que para esos días era aún algo novedoso: el robo en establecimientos comerciales o tiendas por parte de bandas de mujeres o bandas mixtas, con hombres apoyando en la planificación y ejecución de los delitos. Las crónicas policiales de los diarios limeños de entonces revelaban la gravedad de este tipo de asaltos, con ‘tenderas’ y ocasionalmente ‘tenderos’, los cuales apelaban al engaño, la farsa y la rapidez de sus maniobras para lograr el robo del día.

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