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La noche del miércoles 16 de abril de 1986 no fue una jornada cualquiera para el fútbol peruano ni para el barrio de La Victoria. El coloso de Matute, con sus tribunas abarrotadas por 32 mil almas, latía al ritmo de un adiós que se sentía eterno y necesario.
Era la despedida oficial del gran Teófilo Cubillas Arizaga, el popular ‘Nene’, el ídolo que con su juego pícaro e inteligente elevó el nombre del Perú ante el mundo futbolístico.
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‘NENE’ CUBILLAS: EL RUGIDO DE LA VICTORIA
El ambiente era eléctrico en el Alejandro Villanueva, con una recaudación récord de casi dos millones de intis que confirmaba el cariño incondicional de los hinchas aliancistas a Teófilo Cubillas.

El crack apareció en el túnel de vestuarios llevando de la mano a sus pequeños hijos, Christian y Teófilo ‘Coco’, bajo una ovación ensordecedora. La silueta del ‘Nene’, siempre elegante y erguida, recorrió el campo en una vuelta olímpica que parecía detener el tiempo para todos los presentes.
Las luces del estadio iluminaron un césped que esa noche serviría de escenario para una función final cargada de la más pura nostalgia blanquiazul. El rival de turno era el combinado del Resto de América, un equipo plagado de estrellas mundiales que vinieron a rendir pleitesía al diez eterno.
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Figuras reconocibles como el back central chileno Elías Figueroa, o el brasileño Paulo César pisaron el verde del barrio de Matute para honrar la trayectoria del gran maestro peruano.


TEÓFILO CUBILLAS: ESTRELLAS EN EL GRAMADO
También destacaron en el equipo visitante el aguerrido argentino Carlos Enrique y el uruguayo Juan Ramón Carrasco, quienes mostraron un fútbol de altísimo nivel. Pero los ojos de la multitud buscaban desesperadamente el número diez de Alianza Lima, esa camiseta que Cubillas convirtió en parte esencial de su identidad.
En el equipo victoriano, la presencia de jóvenes promesas (lamentablemente, muchos de ellos serían las víctimas del avión Fokker, caído en el mar de Ventanilla en diciembre del 87), le daba al evento de despedida del ‘Nene’ un matiz de esperanza y renovación.
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Aquellos “Potrillos”, como Luis Escobar y Pacho Bustamante, corrían al lado de su referente sin saber que el destino les guardaba una tragedia en 1987. Esa noche, sin embargo, todo era alegría y aprendizaje bajo la tutela de un hombre que lo había ganado todo con los colores del club íntimo.


El equipo ‘grone’, el Alianza Lima se impuso finalmente a la escuadra de Resto de América por 3 a 1, en un encuentro donde el marcador era lo de menos frente a la magnitud del homenaje al ídolo del balompié peruano.
CUBILLAS: EL ÚLTIMO BAILE DEL DIEZ
Teófilo Cubillas mostró que su calidad permanecía intacta, realizando jugadas de fantasía que recordaban sus mejores tardes en los tres mundiales en los que participó (México 70, Argentina 78 y España 82).
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El momento cumbre de la noche llegó con un penal sancionado a favor del equipo íntimo, que el estadio entero reclamó que fuera cobrado por el ‘Nene’. Con la serenidad de los elegidos, Teófilo se paró frente al balón y definió con la maestría técnica que lo caracterizó durante sus dos décadas de carrera.


El grito de gol fue un estruendo colectivo que liberó la tensión acumulada por la inminente partida del ídolo de las canchas del fútbol profesional. Cerca del final del partido, una última jugada individual casi corona la noche con un doblete, pero el balón se escapó por muy poco del arco.
Cuando el árbitro peruano Enrique Labó hizo sonar su silbato terminando el partido, el campo se llenó de abrazos, lágrimas y fotógrafos que buscaban capturar el último aliento deportivo del gran astro de Puente Piedra.
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TEÓFILO ‘NENE’ CUBILLAS: EMOCIONES EN EL CAMARÍN
Ya en la intimidad del vestuario, el cronista de El Comercio, Rolando Bazán, captó la emoción desbordada de un Cubillas que no podía contener el llanto. “Me voy muy agradecido a todos”, balbuceó el delantero, rodeado de sus compañeros y de las glorias internacionales que llegaron para abrazarlo sinceramente.


Cubillas recordaba con humildad sus pasos por los mundiales de México 1970, Argentina 1978 y España 1982, verdaderos hitos que lo convirtieron en el máximo goleador peruano en la historia de los mundiales.
Su impecable terno azul y corbata gris, que luciría más tarde en la recepción oficial, contrastaban con su camiseta empapada en sudor de esa su última batalla deportiva. El fútbol no lo estaba dejando a él, él había decidido dejar al fútbol luego de haber alcanzado la cima de la gloria tanto con la selección como en los clubes donde jugó en América y Europa.
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Quedaba en el aire la anécdota de su generosidad, habiendo donado ochenta mil dólares a su institución originaria, blanquiazul, tras una transferencia al exterior en años pasados.


EL ‘NENE’: EL LEGADO INMARCHITABLE
El ‘Nene’ Cubillas se retiró como los elegidos, por la puerta grande de Matute, dejando un vacío en la cancha que el tiempo difícilmente ha logrado llenar. Ese final de película, estuvo coreado por interminables aplausos que bajaron de las cuatro tribunas del Alejandro Villanueva.
La despedida de Teófilo Cubillas fue también el reconocimiento a una vida dedicada a la “redonda”. No hubo reproches, solo una gratitud inmensa de un pueblo que vio en él la representación máxima del talento y la picardía del jugador peruano.
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La noche del estadio de Matute se cerró entonces con la certeza de que no se volvería a ver en años a otro igual portando la cinta de capitán en La Victoria.

El ‘Nene’ Cubillas dejaba el césped, pero su nombre quedaba grabado en las paredes del club y en el corazón de cada hincha que lo vio jugar y divertirse al mismo tiempo.
Ese día 16 de abril de 1986, la idea de Teófilo Cubillas era no jugar más, pero solo la tragedia del avión Fokker, en diciembre de 1987, que acabó con toda una generación de jóvenes jugadores ‘grones’, le hizo volver a las canchas en menos de dos años, en enero de 1988.
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