Por Carlos Batalla

La tragedia comenzó a gestarse tres días antes. El lunes 6 de mayo de 1991, el grupo terrorista MRTA intentó activar un “coche bomba” en la entrada del Cuartel San Martín, en la avenida del Ejército, San Isidro. La rápida intervención policial frustró el atentado. La Policía interrogó a testigos, entre ellos el guardián del estadio municipal de San Isidro, ubicado al frente del cuartel. Se creyó que el “artefacto explosivo” que mató días después al joven jugador del Deportivo Municipal, Héctor Mathey Madrona, fue lanzado por los emerretistas en represalia por la información que el guardián dio a la Policía. Mathey fue el primer futbolista muerto por la acción demencial del terrorismo.

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