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El arte del percusionista 'Chocolate' Algendones renace en ARCOmadrid

"Peru's Master Percussionist", el CD emblema del gran percusionista nacional editado en 1991, es remasterizado y lanzado en vinilo para la feria de arte en España

'Chocolate' Algendones y Manongo Mujica.

‘Chocolate’ Algendones Farfán ( 1934 - 2004 ), aquí junto a Manongo Mujica en tiempos de Perujazz.

El tambor es una barca espiritual que conecta el cielo y el inframundo. Maracas, sonajas, flautas, troncos ahuecados y hasta la voz humana acompañan el desplazamiento místico entre realidades paralelas. Ayudan a pasar del mundo visible al invisible. Pero el tambor es la nave insignia que, en manos de un chamán, adquiere resonancias extrasensoriales con base científica: un viaje rítmico de 205 a 220 golpes por minuto alinea las ondas cerebrales con las resonancias electromagnéticas del planeta Tierra. Entonces de cada ‘beat’ emerge un hálito espiritual.

Por eso Julio Algendones Farfán (1934-2004), oriundo de El Carmen, decía: “Yo no hago música, yo llamo a los espíritus”. Provisto de congas, kalimbas y semillas, el maestro Chocolate emprendía un viaje hacia el sistema de creencias yoruba, religión predominantemente nigeriana que el comercio de esclavos diseminó por las costas de ultramar. Así, su escuela de pensamiento constituye el núcleo de los “linajes del Nuevo Mundo”: candomblé, santería y una serie de divinidades orishas. Lo notable de Chocolate es que navegó por esas aguas a bordo de nuestro instrumento emblema: el cajón.

DEIDADES Y VANGUARDIAS
“Él guardaba con mucho respeto su iniciación religiosa en Haití y Cuba. Nunca hablaba de eso, pero sé que algunas noches iba al cementerio a tocar solo. Una vez me dijo que en el planeta de la percusión había dos grupos de músicos. Los que tocaban para afuera, para hacer bailar, que él llamaba rumberos; y los que tocaban para adentro, para invocar a las fuerzas superiores, él los llamaba santeros”, dice Manongo Mujica, íntimo amigo y compañero en Perujazz, también integrado por Jean Pierre Magnet y David Pinto.

Fue precisamente en un viaje del colectivo a Las Vegas, en 1990, cuando Chocolate graba el álbum “Peru’s Master Percussionist”. Producido por el inglés J. Blue Sheppard, el CD fue publicado en 1991 bajo el sello neoyorquino Lyrichord. Lo extraordinario del disco es que conecta la percusión afroperuana con las polirrítmicas dimensiones del ritual yoruba. El maestro del cajón, maquinando en hipnóticas repeticiones, entra en trance. Abandona su cuerpo. Y accede al mundo de los espíritus al compás del ritmo que rige el universo.

Con sofisticada simpleza, abre con la pieza “Un niño en tiempo”, un solo de cajón de 3’38”. Luego se interna en “Conga forte, rico cajón”, 14’22” de exquisito duelo entre el membranófono tumbador y el rectángulo de madera mohena. Congas, semillas y kalimbas alimentarán después la rítmica “Añi Añi Manola” para 15’07” de ceremonial santero antes de cerrar el disco con “Un tych”, poderoso compuesto de congas, bongós, tambor parlante, batería, címbalo, saxo y bajo para una descarga jazzística avant-garde con pirotécnico final.

AXIS MUNDI
“Chocolate era para mí un sabio maestro zen, uno de esos seres que visita muy de vez en cuando nuestro planeta. Y sobre el disco, diría que es una obra maestra del pulso y del equilibrio”, dice el guitarrista Andrés Prado, cuyo disco “Chinchano” está poblado por el formidable talento de Algendones, que no tocaba: acariciaba el instrumento con sus dedos. “Lo suyo eran invocaciones místicas antes que descargas rítmicas”, recuerda Mujica, productor del disco remasterizado que el sello Buh Récords pondrá en circulación para la feria ARCOmadrid.

Capaz de hacer mover la cintura de las bailarinas de los cabarets donde empezó o de tocar ocho horas seguidas en verdadero trance místico en Haití, Chocolate –que murió a los 70 años a causa de un cáncer de pulmón– fue el maestro y guía en el arte de tocar nuestra emblemática caja-tambor. Dueño de una perfección que asombraba hasta en los ensayos, sabía hacer hablar al instrumento. Hasta entrar en la conjunción de las divinidades bene, yoruba, bantú y congo, etnias ancestrales de los chinchanos.

Por eso esta reedición es clave. Para entender cómo funciona la dualidad articulatoria acústica, la del sonido y del sentido. Para articular la fonética de los milenarios lenguajes africanos. Para sentir que en las manos del artista vive el arte percusivo ritual en su forma más pura, ese tapiz sonoro ubicado en la convergencia exacta entre la cultura afroperuana, el éxtasis místico y el jazz de vanguardia. Y toda la vibración de un cajón fabricado con madera procedente del árbol cósmico.

MÁS DATOS
+ El disco es el primero de la colección Perspective on Afro-Peruvian Music que Buh Récords lanzará este año.
+ Sale al mercado internacional en el contexto de ARCOmadrid, que va del 27 de febrero al 3 de marzo en la capital española.
+ Las copias estarán disponibles en Lima a partir del 15 de marzo.


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