"Hay que dejar de entender las ferias como espacios meramente comerciales"

Como parte del equipo de curadores de Art Lima, que se inicia este 19 de abril, el joven arquitecto Gerardo Chávez-Maza indaga sobre los desafíos de generar espacios críticos en las ferias de arte

Gerardo Chávez-Maza

Gerardo Chávez-Maza, graduado de la maestría de arte contemporáneo de la Royal College of Art de Londres. (Foto: Nancy Chappell/ El Comercio)

Ingresar al Museo Amano es adentrarse en la feroz quietud de la eternidad. Sus salas, habitadas por rostros implacables trabajados en
fina urdimbre, interpelan al visitante desde múltiples textiles milenarios. Aquello que hoy llamamos, como para ordenar el mundo, tejidos Paracas, Chancay o Nasca. Ceramios diversos, alguna estela Chavín y un sinfín de objetos utilitarios completan el excepcional arsenal de este recinto miraflorino. Deidades, furia y fe de tiempos no menos bárbaros que los que hoy vivimos.

Con fascinación, en medio de la penumbra de las salas del museo, Gerardo Chávez-Maza habla del diálogo entre el arte contemporáneo
y los referentes precolombinos. Visibilizarlo es una idea que le venía de tiempo atrás y que ahora, como curador en la feria Art Lima, lo hará posible a través de "Acciones contemporáneas en el Museo Amano": una intervención dentro de los espacios de la colección permanente del museo con la participación de artistas de diversas generaciones. Sobre identidad, las crisis del galerismo local y el peso de la herencia del padre conversamos con él.

— A estas alturas del partido, ¿cuál dirías que ha sido para ti el gran reto de formar parte del equipo de curadores de Art Lima?

Creo que para mí, profesionalmente, era importante entender cuál era el rol del curador más allá de un proyecto independiente. Mis proyectos curatoriales siempre han sido o académicos o en galerías de arte, y creía importante ver de qué manera funcionaba ese rol y de qué
manera se podía transgredir o desafiar, dentro del formato de feria.

—¿Y cómo lo has desafiado?

Estás además a cargo de la sección Plataforma para galerías alternativas. Creo que eso se aplica específicamente en esta sección.
Era importante lograr un espacio que fuera más allá del marco expositivo para las galerías y fomentar un diálogo entre ellas. La feria es un espacio que permite que artistas, galeristas, amantes del arte y público en general confluyan en un mismo momento por un tiempo
específico en el que todos quieren aprender del otro, conocer más del otro, intercambiar, y creo que la sección Plataforma es idónea para esto. Uno de los espacios peruanos en esta sección presenta, por ejemplo, un proyecto que ironiza el mismo formato de feria, un poco para ver de qué manera entendemos en el imaginario común una feria: la feria de pueblo, de plaza.

— Se ha dicho que las ferias están matando a las galerías.

A ver, eso es algo que se dice mucho y es un tema delicado. Es cierto que hay galerías que cierran, pero otras están teniendo mayor posicionamiento internacional. Hay galerías peruanas que ya van
a Basel, a ferias grandes, y eso también es importante resaltar.

— Eres optimista.

[Las galerías que cierran] dejanlugar a que nuevos proyectos, más jóvenes, puedan luchar por su espacio en la escena. Pero igual se necesita definitivamente apoyo del Estado. Chile, por ejemplo, tiene marcas sectoriales que apoyan el desarrollo de proyectos de este tipo, como galerías y proyectos autogestionados internacionalmente.

— Por otro lado, estás trabajando este diálogo entre arte contemporáneo y la museografía del Amano.

Sí, dentro de las actividades paralelas de Art Lima hemos logrado tener un especial apoyo del Museo Amano. Yo siempre tuve la idea de "infiltrar" la colección permanente del museo para lograr un diálogo con los elementos precolombinos y la herencia cultural que manifiestan algunas prácticas de artistas contemporáneos peruanos. La exposición se llama "La voz que se oye deja oír": la voz del pasado
alimentando el presente y dejándole espacio a este para que responda. Es una muestra multigeneracional.

— ¿Está Gerardo Chávez papá?

Sí, sí está. Ha sido una decisión última, pero lo que está de mi papá es atípico, ni siquiera es una obra de arte, podríamos decir… pero
son artistas diversos porque es en la fricción de prácticas en las que encuentras este lenguaje universal: desde Armando Andrade Tudela
hasta artistas que yo considero grandes maestros que han sido un poco relegados de la historia del arte como Milner Cajahuaringa, quien tiene un referente simbólico bastante importante que he querido valorizar en esta exposición. Pero también están Macarena Rojas, Ximena Garrido-Lecca y José Vera Matos, entre otros.

 — ¿En qué medida una feria de arte puede ayudar a consolidar nuestra identidad?

Creo que hay dos momentos importantes. Uno es que la feria termina siendo una imagen-país. Y lo otro es que es una plataforma que nos
acerca a diferentes propuestas de arte contemporáneo, generando espacios de conversación y de formación, y creo que ese es un compromiso que tiene la feria. Hay que dejar de entender las ferias como espacios meramente comerciales. ¿Cómo pretendes posicionar un espacio comercial si no estás formando al público? Por eso, la feria propone un espacio de conversatorios con invitados especiales, abordando diferentes temas que construyen el discurso del arte contemporáneo y de los elementos y agentes que activan el mercado y la escena. Creo que es interesante que las personas encuentren en la feria también un espacio de aprendizaje.

— ¿Y cuál dirías que ha sido el principal aprendizaje que tu propio padre te ha dejado?

Puede ser una respuesta extensa, pero empezaré diciendo que yo estudié arquitectura un poco por no querer ser artista, pero encontré
mi lugar. No fue forzado, sino una decisión personal, y aunque nunca manifesté que quizás quería estudiar arte, decidí estudiar arquitectura
simplemente por separarme de todo el peso de mi papá. Y después, al pasar el tiempo, me di cuenta de que había un componente que faltaba en mi formación arquitectónica y era el de trabajar directamente en el arte. Además, yo sentía que iba a tener en el futuro un compromiso bastante grande con la obra de mi papá y sentía que también tenía que estar preparado para eso, para poder quedarme a cargo, si es que me puedo otorgar esa responsabilidad.

—Hablando con Vicente de Szyszlo hace un tiempo, me comentaba, precisamente, sobre el peso de gestionar la obra del padre.

Yo soy feliz haciéndolo. Siento que he crecido en ese mundo y no puedo desligarme de él. Es una cosa completamente de afecto, hacia mi papá, pero también a todo el mundo que se ha construido alrededor de mí. Digamos que mi imaginario y mi niñez se han desarrollado a partir de todas las locuras de mi papá y no solo de sus locuras artísticas, sino también de sus proyectos, y el haber cumplido sus sueños, haber hecho el Museo del Juguete y el otro museo. Todo eso ha generado en mí una inquietud especial que me ha formado como persona y, entonces, creo que sí es una responsabilidad, pero es una responsabilidad que llevo con orgullo.

— ¿Y cómo recuerdas el rolde tu padre en tu niñez, habiendo tenido él mismo una infancia con un padre ausente?

Mi papá me enseñó todo lo que sé, ha sido fundamental para lo que soy ahora. Viajar con mi papá, recorrer los museos con él, era como entrar en otra dimensión, en otro mundo, porque mi papá ve las cosas con otros ojos. Creo que me ha enseñado a mirar las cosas por atrás.

— Eres un hijo muy orgulloso de su padre. ¿Qué es lo que más admiras de él?

La perseverancia y el lograrsus sueños. Mi papá lo ha hecho.

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