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Más sobre "mi jefe, mi cliente"

Luego de la publicación de "Mi jefe, mi cliente", recibí muchos comentarios que me hicieron descubrir la pasión que despierta este tema. Y claro, ¿quién no ha tenido (o tiene) un jefe que es de horror? Y por supuesto que los jefes no siempre tienen la razón. Todos sabemos que algunos son muy malos, injustos y hasta abusivos, que pueden ser personas egoístas que se quedan con el mérito ajeno, aprovechando su poder para beneficiarse a sí mismos. Seguir leyendo...

No nos pagan por ir a trabajar

A nosotros, a los profesionales, a los ejecutivos, no nos pagan por ir a trabajar, tampoco por nuestro tiempo. Nos pagan por cumplir objetivos, por el valor que agregamos, por nuestra contribución a lograr las metas y por los logros que acumulamos. En suma, nos pagan por los resultados que generamos. Uno de los cambios más difíciles de entender en el mercado laboral es que, independientemente de que estemos en planilla, que facturemos por recibos profesionales o por contrato, nuestra relación con la empresa es la del cliente con su proveedor. La empresa, mi cliente, me paga por mis servicios profesionales. Es mi responsabilidad definir estos servicios en términos del valor que agregan. Es mi responsabilidad –y mi interés– que estos servicios sean considerados de primera calidad y a un precio competitivo para que mis clientes los quieran comprar repetitiva y –ojalá– indefinidamente. Seguir leyendo...

Mi jefe, mi cliente

Mi jefe me cae bien, felizmente. Y digo felizmente porque mi jefe, que representa a la empresa, es el principal cliente de mis servicios profesionales. Me toca, entonces, asumir la responsabilidad de la satisfacción de mi jefe-cliente con mis servicios profesionales, como clave para mi propia empleabilidad. Obviamente, espero que él tenga también interés en que la relación fluya adecuadamente, eso habla de su condición de líder, pero, otra vez, su satisfacción es responsabilidad mía: mi jefe es mi mejor cliente y como tal debo tratarlo siempre. Debo asegurarme de que esté siempre satisfecho con mi desempeño para que quiera seguir renovando "mi contrato" año tras año. Él es quien decidirá sobre mis ascensos, entrenamientos, mayores responsabilidades y recomendaciones. En suma: de él depende el futuro de mi carrera y, por tanto, soy yo quien tiene el mayor interés en el éxito de nuestra relación. Sin embargo, a mucha gente le mortifica aceptar que su jefe es su cliente. Evidentemente, las relaciones jefe-subordinado siempre se pueden complicar: expectativas no cumplidas, injusticias reales o percibidas, poco o ningún reconocimiento, poco interés real en el desarrollo del subordinado. También es común encontrarse con personas que llevan al trabajo temas personales no resueltos: problemas con la autoridad, rebeldías adolescentes y toda clase de 'rollos' con la figura del jefe. Otros asumen posiciones de víctima o confrontan permanentemente sin medir las repercusiones de su actitud, perdiendo energía en cosas que no aportan. Recuerde: nadie quiere trabajar con quien le cae mal o con quien tiene una mala cara permanentemente. Seguir leyendo...

Poder y arrogancia

Uno de los principales retos de quien ostenta un cargo con poder es mantenerse lúcido y claro sobre la fuente del mismo y su duración. Y es que muchas personas tienden a olvidar que el poder no es inherente a uno mismo, sino al cargo o a la función que se cumple. Las manifestaciones externas del poder confunden y seducen a punto de olvidar que toda posición es pasajera, tiene un comienzo y un fin. Y muchos olvidan también que el poder no es sino un medio para cumplir una misión, para servir un propósito definido, para servir a un fin mayor, no para disfrutarlo en beneficio propio, olvidando incluso muchas veces a quienes nos lo otorgaron o ayudaron a obtenerlo o, peor aun, al propósito de servicio que lo define. Seguir leyendo...

¡Que viva la política!

Pocos consejos son recibidos con tanta sorpresa como el de “ser más político” en beneficio de nuestra carrera. Y es que, en el Perú, mucha gente asocia la palabra “política” con la falta de ética de algunos políticos profesionales incorrectos. Hay quienes se sienten hasta deshonestos con la sola idea de pensar en “hacer política” en la oficina. Sin embargo, la experiencia nos demuestra que un alto porcentaje de ejecutivos es retirado de altos puestos no por falta de logros o resultados, sino por problemas de química o política. Seguir leyendo...

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