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Reseña de Blood Feast - The Future State of Wicked - Hells Headbangers - 2017

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Blood Feast es uno de esos nombres sobrevivientes de la era de oro del thrash metal allá en los años 80. Su álbum Kill for pleasure (1987) es una especie de hit del metal más agresivo, o si se quiere ser más hipster, “un trabajo de culto”. Aunque su trayectoria se prolonga con un EP, Face Fate (1987) y un larga duración más, Chopping Block Blues (1989) que se mantienen más o menos dentro de la misma línea: violento y veloz thrash de la costa Este.

Luego del revival que el género experimentó en la década pasada, Blood Feast volvió por sus fueros, tal como lo hicieron decenas de nombres de variada suerte, talento y repercusión. Blood Feast no fueron los mejores, ni los más originales pero ciertamente tuvieron una mediana repercusión sobre todo entre la gente “más metida” en lo que era el metal extremo de la época, merced a innegables calidades presentes en sus temas. Aunque la verdad , la banda es impulsada hoy solo por un miembro original, Adam Tranquilli, guitarrista, quien es acompañado en esta encarnación por otros músicos veteranos de bandas de thrash o proto death metal, ancladas en el under metálico, ninguna muy exitosa en términos de popularidad. Esto no quiere decir que el grupo en su forma actual sea malo ni mucho menos. Tal como demostró en el Lima Metal Fest 2016, la actual alineación practica y produce un thrash metal old school efectivo y muy energético, y nos atreveríamos a decir que está en un nivel semejante e incluso mejor de calidad que la alineación original.

Lo cierto es que decidieron volver al estudio y lanzaron lo que viene a ser su tercer disco, The Future State of Wicked (Hells Headbangers Records, 2017) y el resultado es, en términos clásicos, de primer nivel: thrash puro, veloz, agresivo y sin contemplaciones que pese a ello no sucumbe a la mera violencia y al desorden sonoro (eterna espada de Damocles sobre el metal extremo) sino que mantiene atención en la construcción de cortes o temas consistentes, claramente reconocibles, con cambios de ritmos que permiten identificarse con ellos, lo que genera un álbum a la vez disfrutable y sólido.

La voz de Natalini mantiene un timbre algo más agudo que la original que tuvieron en los 80, pero un estilo de fraseo al interpretar muy muy parecido. Los riffs son más veloces que los antiguos, pero cortados con el mismo molde (como que Tranquilli es el sobreviviente de la edad de oro), al igual que hace el otro guitarrista, CJ Scioscia, quien es un ex integrante de Instigation otra banda thrasher de la misma época y estilo (bastantes italianos en esta banda de Nueva Jersey, ¿conocerán a Bon Jovi?), la batería ha corrido a cargo de Joe Moore (DTA) quien ya ha demostrado lo que presenta en vivo, una ejecución de la percusión muy técnica y de alto nivel de energía. El bajo, a cargo de Tom Lorenzo, apoya bien las líneas de guitarra con pocas excursiones independientes, pero las hay.

Todo esto se ve realzado y potenciado por una excelente producción, de esas que eran casi inexistentes en los 80 y que hoy rejuvenecen a tantas viejas leyendas, pero que a la vez mantiene el viejo poder inherente al metal. Supongo que esto tiene que ver con una producción que corrió a cargo de ese fanático contemporáneo y verdadero conocedor del thrash clásico, hombre todo terreno que es Joel Grind (sí, el de Toxic Holocaust). Creo que solo alguien como él, tan embebido de los viejos trabajos, podía entender y resaltar la música de esta vieja gloria. De entre todos los retornos discográficos del thrash que he oído, el mejor ha sido el Infidel, de At War (2009) y le sigue el Reanimated Homunculus, de Protector (2013). Este para mí es el tercero mejor.

Blood Feast es hoy por hoy una banda virtualmente nueva que ha conseguido mantener una producción de calidad que merece ser oída, que renueva y da crédito a su nombre y, quizás, incluso llegue a superar su legado clásico. Ojalá la banda vuelva por estos lares a promocionar su nuevo disco. Creo que nos está faltan un thrash metal fest. Vistos los resultados de los shows, podría funcionar bien, el thrash aún jala.

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