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¿Por qué no mejora nuestro fútbol de menores?

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Cada vez es más duro ver fútbol internacional, si los equipos peruanos son participantes (‘víctimas’, sería más exacto) de él. Uno se deprime, por supuesto, ¿qué creen?, no somos de fierro. Nos ponemos más tristes que el director de ‘La La Land’ cuando interrumpieron sus agradecimientos para avisarle: “apágate oye, nos equivocamos de tarjeta”. Y la tristeza es doble cuando se pierde en menores porque significa que el túnel no tiene fin, parece un oleoducto ya.

Hay quienes dicen que no podemos comentar sobre menores quienes no vamos a ver los torneos caseros de la especie. Entonces, los comunicadores no podemos opinar sobre lo que pasa en la Franja de Gaza, por ejemplo. No hace falta ir a sentarse 6 horas por semana en los torneos infantiles para saber qué ocurre. Solo hay que respondernos un test sencillo:

-¿Clasificamos a mundiales Sub 17? – No.
-¿Clasificamos a mundiales Sub 20? – No.
-¿Exportamos menores? – No.
-¿Exportamos técnicos de menores? – Menos.
¿Importamos reconocidos formadores de menores? –No.

Plan seguramente hay y es bueno, el problema son los ejecutores y con los actuales, no hay plan que resista. ¿Necesitamos mayores indicios para subrayar lo evidente? ¿Que estamos lejos? La Sub 17 está cerrando otra penosa participación. La dirigió Oré, por supuesto, porque si nos llevó al único mundial que fuimos –hace 10 años-, es evidente que tiene para diez procesos más intentando. Estamos esperando que el mismo santo nos haga dos milagros ahora, y ahí vamos con él. Y no es que esta participación sea penosa porque el promedio de goles encajados sea de 3 por partido y cero puntos (falta un partido sí, y el fútbol da revanchas), sino por el juego, el mismo caso de Nogara. Claro, algunos podrán decir que al menos a esta selección nadie le volteó los partidos, un avance. Sí, los perdió derechamente siempre. El cambio estructural no parece bien enfocado.

Para muchos, el cambio se dará ampliando la base de jugadores. ¿Cómo? Se asume que el talento escondido’ existe. Está debajo de las piedras, en los árboles, vaya uno a saber dónde. Pero se parte de dos premisas equivocadas. Primero, que el suponer que los talentosos están ocultos y los limitados a la vista, es subjetivo. A ese ‘talento escondido’, ¿quién lo habrá formado? ¿magos? Entiendo que debe ser sus papás, o el profesor de educación física de su ‘cole’. Es decir, mal formados igual. Lo segundo es que, asumiendo que en efecto los genios estén ocultos: ¿El talento basta en el fútbol actual? El fútbol peruano murió el día en que el talento dejó de ser fundamental, hoy se equipara y supera con ciencia y metodología. Los descubren, correcto, y después, ¿qué? ¿Los van a poner en manos de Nogara? ¿Se merecen esa maldad? Si es así, se van a esconder ellos solos.

El cambio verdadero no pasa por aumentar la cantidad de jugadores a la mano (todos igual de mal preparados en su barrio), tampoco por hacer un montón de canchas, o ponerlos a jugar entre ellos para ver quién es mejor. Es como deslumbrarse con el mejor de nuestra liga profesional.

La revolución real pasa por cambiar a los formadores. O bueno, ya, por mejorar a los que hay. Pero en serio, no con cursos de tres días. Tienen que salir un par de años, hacer pasantías, ser practicantes en Suiza, Islandia, Gales, no sé. ¿Debería ser tarea de los clubes preocuparse de eso? De todas maneras. ¿Que nunca lo harán por iniciativa propia? De todas maneras, también Si la FPF quiere revolucionar esto, dar un golpe de autoridad, debe traer a un grupo de formadores europeos, si quiere luego, que le pase la cuenta a los clubes a la fuerza, así como les impuso su Bolsa de Minutos. Pero hablar de proyectos ambiciosos con los mismos técnicos de menores de siempre que solo van rotando, es inviable.

Para entender esto, hay nueve puntos clave:

1 No hay quién eduque. No se ha hecho nada por tener formadores de calidad. Los clubes, menos. El tema es que hay quienes piensan que poniendo a la fuerza a chicos mal formados en Primera, con el roce se arreglan. Primera no hace milagros. Los árboles torcidos, tampoco se enderezan con el sol.

2. El cambio estructural real es otro. Pasa por cambiar a los profesores, importar gente de calidad, de una cultura futbolística superior. ¿Quiénes están formando a los menores de este proyecto? ¿Alguien distinto o los mismos de siempre? Si es así, ¿qué cambiará entonces? Hay formadores en todo el país que convocan regularmente a ‘castings’ de menores, a diez soles la ‘cuota voluntaria’ para supuestamente buscar talentos. Al final, no ‘captan’ a ninguno y el ‘óbolo’, queda. “No nos llames, nosotros te llamaremos”. Ese tipo de gente es la encargada de dar forma a nuestros sueños mundialistas, imagínense.

3. El fútbol no es beneficencia. Pero en los clubes locales muchas veces se toma como tal, y el trabajo con menores es una excusa para dar empleo al ‘referente’ desvalido. Por eso estamos como estamos. Y si a esos ex jugadores, representativos de sus clubes, estos no les dan categorías menores a dirigir para ayudarlos, la prensa es la primera en ponerse dura aduciendo “ingratitud” con quien fuera ‘crack’. Es decir, hay que ’asilarlo’ sí o sí. “Denle un puesto en menores”, se arguye. Si no estudió un ‘ajo’, qué importa. Ah, pero cuando no aparecen menores de calidad, cuando nos golean internacionalmente, el mismo ‘periodismo caritativo’ se indigna: “No puede ser, hay que trabajar en serio con los chicos”, dicen. Sí, claro, cómo no.

4. Cantidad no da calidad. Así no funciona la ecuación. No por ampliar la base vas a mejorar los resultados, si TODOS están mal formados. Error de criterio en el proyecto. ¿Quiénes forman? ¿Dónde estudiaron? Descubriendo chicos de Tumbes, Pasco o La Oroya y convocando a jugadores del San Bernardito de Puquio, tal como es el fútbol peruano hoy, ¿van a hallar a los nuevos ‘Messis’?, eso es ingenuo. Pueden detectar 1000 jugadores ‘invisibles’ más, pero no van a ser mejores que los ‘visibles’ porque provienen de la misma raíz, o quizá aún de aún inferiores condiciones de desarrollo.

5. La Bolsa de Minutos no es solución. Parte de una cosa forzada que todos hacen por cumplir. Es tan relativa que quiero ver si Cristal y Melgar, por ejemplo, ahora que juegan la Libertadores, ponen un Sub 20 de titular en la Copa. Ahí se ve el aporte real de la Bolsa. No lo harán porque saben que no están para dar ventajas. Los colombianos o ecuatorianos, fácilmente lo pueden hacer, nosotros, no hay forma. Sabemos cuál es la diferencia. Y eso que Cristal trabaja con guías españoles, pero en los Mundialitos a los que son invitados, en otros torneos de menores internacionales, son pasados por encima igual. Claro, los jóvenes por mal formados que estén, siempre terminan apareciendo con Bolsa o sin ella en Primera, porque los veteranos se van retirando. Hay infinidad de jugadores que aparecieron jóvenes, con calidad y sin medidas de presión. ¿En ese mismo Cristal? Rebosio, Rodríguez, Delgado, Mendoza, por citar algunos

6. Conformismo generalizado. Perder ya lo tomamos con naturalidad. Sobre todo los dirigentes a todo nivel. Basta con decir que el proceso es largo y no tiene fecha límite, vas perdiendo y lo sigues estirando cinco, diez, quince años, como Burga. Te dicen: “Un día dará resultados”, y ya, paciencia nomás. Pero se insiste con lo mismo, el atrevimiento es escaso y si sigues perdiendo la culpa siempre es del pasado: Así es muy fácil. Por eso todos los de casa quieren siempre trabajar en Videna.

7. Esto no lo cambian solo los seleccionadores. El trabajo va más allá. Se requiere un grupo de especialistas. Así como se obliga a los clubes a tener infraestructura, a sacar menores de donde sea para jugar los torneos Sub 15 y Sub 17, así hay que forzarlos a contratar un formador principal con categoría internacional. Si pueden obligar a una cosa, ¿por qué no la otra? En el básquet se hizo acá algo parecido tiempo atrás, pero con jugadores. La Federación traía un lote de norteamericanos y los repartía entre los clubes (tres por club) para mejorar el nivel de juego de la liga. Luego les cobraba. Hacer lo mismo, con un formador por club, no es utópico, Ahora bien, el seleccionador igual importa. Si acá no hay mucho, tampoco es que dé lo mismo quién dirija -como dicen algunos- e importemos uno peor, como vimos recientemente, solo por afinidad.

8. Erradicar el ‘racismo invertido’. En el fútbol hay, y no solo en mayores. Ser ‘blanco’ o tener dinero, en el fútbol es un problema. Se le suele maltratar a este tipo de ejemplares porque se entiende que no necesitan jugar para subsistir y, más bien, le quitan vitrina a quien ve en el fútbol la posibilidad de escapar de la miseria o, a veces, de la delincuencia. Si el técnico es de un origen parecido a ese perfil, el ‘distinto’ no juega. Y al final lo separan como si se tomara una caja de ‘chelas’ diaria. Y el que sì se la toma, ¡pobrecito! A ese sí hay que ayudarlo. Los que juegan afuera, en selecciones menores, raramente juegan. O los traen para ser suplentes, o simplemente, no los convocan. Las principales ‘argollas’ se arman asíe

9. Finalmente, abolir las pseudoacademias. Reglamentar el asunto, y cerrarle espacios. Hay muchas muy respetables sí, Cantolao, Tito Drago, en fin. Las que se hacen con afán solo de lucro que digan claramente en sus anuncios que son ‘recreativas’ para que quienes inscriban a sus hijos tengan claro que van solo a ‘hacer hora’ y que jueguen, si es posible, con pelota de playa. En esa categoría se incluyen las franquicias de clubes grandes en el mundo que son adquiridas muchas veces por los papás de los chicos que no pudieron jugar en la selección. Tengan por seguro que los clubes dueños de las franquicias, no tienen ni idea de lo que se puede hacer con ellas acá. Y, la verdad, tampoco les importa.

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