Las niñas de quinto y sexto grado del colegio Sagrado Corazón de Jesús 20516, ubicado en el caserío Durán-Lancones (Piura), impulsan un proyecto escolar que elabora coronas y ramos para velaciones como forma de recaudar fondos y fortalecer su educación.
Las niñas de quinto y sexto grado del colegio Sagrado Corazón de Jesús 20516, ubicado en el caserío Durán-Lancones (Piura), impulsan un proyecto escolar que elabora coronas y ramos para velaciones como forma de recaudar fondos y fortalecer su educación.

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Los adolescentes de Durán-Lancones que no se rinden y caminan más de una hora para estudiar
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Los adolescentes de Durán-Lancones que no se rinden y caminan más de una hora para estudiar

Los adolescentes de Durán-Lancones que no se rinden y caminan más de una hora para estudiar

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El sueño de estudiar es un impulso de todos los días para Camila Ordinola Gutiérrez. Cada mañana, esta corresponsal escolar del diario El Comercio observa cómo varias adolescentes dejan de asistir a la escuela secundaria porque sus padres temen enviarlas muy lejos. En Durán-Lancones, un caserío de Sullana (), ir a la escuela no es simplemente caminar: es atravesar distancias interminables, ausencia de señal, vías inseguras y más de una hora a pie.

Camila es una de las cinco niñas del I.E. 20516 Sagrado Corazón de Jesús que quiere contar su historia. Siente que ha nacido para esto. Su meta ya la ha definido: quiere ser periodista.

“La distancia es muy larga para estudiar secundaria. Por el temor de los padres, muchos niños no continúan”, cuenta Camila. Durán es un caserío del distrito de Lancones, en la provincia de Sullana (Piura), muy cerca de la frontera con Ecuador. Allí viven alrededor de 150 familias que trabajan en la agricultura y el pastoreo, sosteniendo una comunidad que, pese a las dificultades, mantiene viva la ilusión de estudiar. En la I.E. N.° 20516 – Durán, diez alumnos culminan este año la primaria. Sin embargo, solo siete podrán continuar la secundaria, porque en el caserío no existe un colegio de ese nivel educativo.

Para seguir aprendiendo, deben trasladarse a Huasimal de La Solana, un centro poblado vecino ubicado a una hora de camino desde Durán Centro y hasta hora y media desde Durán Alto o Peroles. Antes del amanecer, los caminos se llenan de mochilas pequeñas y pasos jóvenes. El recorrido es largo y en ciertos tramos no hay viviendas ni señal telefónica. Por eso, muchas familias sienten temor de enviar a sus hijas. No es falta de interés, sino miedo. Ese miedo que, muchas veces, termina apartándolas de la escuela y acortando sus oportunidades.

La ruta diaria hacia la educación

Entre quienes pronto tendrán que enfrentar este trayecto se encuentra la corresponsal escolar Keili Castillo, de sexto grado. Ella carga un pedido que suena urgente y sencillo a la vez: “Pido la construcción de un colegio secundario en mi caserío. Para terminar secundaria e institutos hay que recorrer mucha distancia”.

En las zonas altas del caserío, donde el viento golpea fuerte y los caminos se vuelven empinados, Milena Socola Ordinola —corresponsal de quinto grado— observa cómo la realidad empuja a muchos niños hacia el trabajo agrícola. “Los presupuestos no alcanzan para seguir con la preparación. Por eso la mayoría se va a trabajar a las parcelas”, reflexiona. Su sueño, dice, es convertirse en veterinaria.

La necesidad de atención estatal también aparece en la voz de la corresponsal Yajaidi More Valdez, quien sostiene su cuaderno con la misma firmeza con la que pide ayuda: “Yo quiero ser doctora y pido mayor atención a todo lo que pasa en Durán Lancones”.

La falta de materiales educativos y conectividad suma otra barrera. Yamilet Siancas, una de las estudiantes más pequeñas, lo resume con claridad: “Necesitamos más materiales educativos, más tablets y poder estar conectados”. Para ella —como para todos en el caserío— la distancia no solo se mide en kilómetros, sino también en acceso.

Durán-Lancones también crea. Las estudiantes de quinto y sexto grado han impulsado el proyecto “Emprendimiento y creatividad I.E. 20516 ‘Sagrado Corazón de Jesús’ Durán–Lancones”, donde elaboran coronas y ramos para velaciones como iniciativa productiva comunitaria. Con la guía de su tutora, Mercedes del Socorro Juárez Clavijo, las niñas trabajan con dedicación para aprender gestión básica, recaudar fondos y fortalecer su autoestima. Los productos estuvieron a la venta el lunes 27 y martes 28 de octubre.

Durán-Lancones es un símbolo de esfuerzo. En cada jornada escolar, los adolescentes de este caserío demuestran que el aprendizaje no solo ocurre en el aula: también se aprende a resistir, a avanzar y a creer que el futuro puede comenzar al final del camino.

Autores

Esta nota fue escrita por los corresponsales escolares Keili Analí Castillo Ordinola, Yajaidi Yumira More Valdez, Milena Yuletzi Socola Ordinola, Camila Miley Ordinola Gutiérrez y Alexandra Yamilet Siancas Huanca, del I.E N°20516 Duran Lancones de Piura. El equipo estuvo bajo la mentoría del periodista de El Comercio Pedro Canelo.

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