Mario Fernández

Fueron dos cracks. Roberto Mosquera era wing en los tiempos en los que todavía se jugaba con wines. Y Pablo Bengoechea era enganche en las épocas en las que nadie prescindía del lanzador.

Futbolistas igualmente brillantes, hoy son dos entrenadores antagónicos en la propuesta. Más romántico Roberto, más pragmático Pablo.

No debe haber dos entrenadores más contrapuestos. Bengoechea, un ex 10 que a veces juega sin 10, es un técnico metódico, práctico y hasta amarrete. Mosquera es la aspiración peruana del tiki-taka.

Un entrenador preocupado por la estética, las buenas maneras, y que -salvo por sus ternos- no desentona casi nunca. Los dos tuvieron de jefe a Sergio Markarián, pero en décadas diferentes. El mismo día del 97 que Sergio se fue de Cristal presentó a su ex asistente como un futuro “gran entrenador” y Mosquera -que ese día lloró- no lo ha dejado mal.

Tras tres descensos explicados como pecados de juventud, fue campeón con Cristal y Aurich, se internacionalizó en Bolivia y ahora puede coronarse con Binacional. Desde el 2011 sus números son impactantes. Nadie gana más que él.

Nadie ataca más que él. Con Markarián coincide en el perfil analítico y en el ojo captador. De hecho, todavía ‘discuten’ si haber convertido a Advincula en lateral y a Yotún en titular fue obra de uno en la selección o del otro en Cristal. Eso sí, Roberto no destaca por la precaución defensiva que sí tiene el ‘Mago’.

En ese sentido, es más gato que ratón. Con Pablo la influencia de Markarián es más clara. Trabajaron juntos 8 años en países como Uruguay, México, Chile y Perú.

Salieron campeones con U. de Chile y subcampeones con Cruz Azul. Ambos son meticulosos y saben reconvertir ofensivos en mixtos.

Los ‘Cachito’ y Cruzado que el ‘Mago’ dio a la selección del 2010-2013 todavía le sirven al Alianza de Bengoechea. Cuando Sergio se abstuvo de renovar con la FPF, no recomendó en público a Bengoechea, pero sí saludó que él fuese su sucesor.

En estilo son parecidos y en reacciones en conferencias se nota que también. El Pablo que incendió a los jueces y a la FPF el domingo es el mismo Markarián emocional que atacó a Loustau y a la Conmebol en 2013 cuando eliminaron a Perú. El verdadero maestro del ‘Profesor’ Pablo no es Gregorio Pérez.

Cuenta la leyenda que los dos finalistas de la Liga 1 pudieron trabajar juntos en 2010, cuando Markarián volvió al Perú. Con cargo a formalizar su vínculo en 2011, Sergio le encargó a Mosquera que preparase informes sobre Bolivia y Ecuador, dos rivales de altura que Perú tendría en las Eliminatorias a Brasil 2014.

Roberto lo hizo y mostró los resultados de su espionaje en una reunión de Videna en la que conoció a Bengoechea y Aguirregaray, los otros asistentes.

Fuentes muy fiables dicen que la intensidad de Roberto no coincidía con los métodos mas pausados de los otros asistentes y que no hubo la química esperada. El ‘no’ oficial a Mosquera se dio por un lío con el entonces vicepresidente de la FPF, pero la otra versión dice que un factor de “clima” sumó al primer problema: Markarián, sin que se lo pidan, optó por tener a Mosquera como “amigo de la casa”, pero no como ayudante.

Los dos entrenadores han hecho un año excelente. Pablo dando pelea con un club al que Russo le había bajado el dedo. Y Roberto continuando la obra de Arce en el Apertura.

El uruguayo necesita hacer lo que no le sale tan seguido (marcar muchos goles) y el peruano requiere realizar lo que no entiende tan lógico (cuidar el cero de su arco). El domingo, al menos por un rato, Pablo parecerá Mosquera y Roberto... Bengoechea. Qué ironía.