"El fútbol se emparejó hacia arriba", por Jerónimo Pimentel
"El fútbol se emparejó hacia arriba", por Jerónimo Pimentel
Redacción EC

JERÓNIMO PIMENTEL

Al momento de escribir esta columna, el se inicia en gran forma, algo difícil de prever en vista del clima social que precedió a la inauguración. El fútbol parece ganar una vez más inmunidad retribuyendo belleza por la atención recibida.

El juego que se practica es en general abierto y vertical, con pocas faltas por partido y mucho ida y vuelta. Cierto sentido de la paridad parece homologar a los países: la élite se encuentra ajena al conservadurismo y favorece el fútbol ofensivo, aun en los equipos por tradición renuentes al riesgo, como Italia. junto a la refuerzan la idea de paridad, con un añadido: los semifinalistas de hace cuatro años empiezan con traspiés, lo que trae abajo los viejos favoritismos. Los ciclos, hasta los más prósperos, declinan. Sonríen las casas de apuesta y las banderas emergentes.

De esta forma, la idea de que el fútbol se ha emparejado hacia arriba, como sostiene Barraza, parece confirmarse. Sin embargo, el alto número de seleccionados –32– deja lugar a polémicas. Una que se cae de madura tiene que ver con los clasificados europeos que se encuentran por debajo del nivel competitivo. ¿Es posible que Grecia, un país que lideró junto con Bosnia su grupo clasificatorio –25 puntos cada uno–, haya exhibido una performance tan baja ante Colombia? La pobre exhibición australiana ante Chile también reabre una discusión eterna: ¿Qué debería privilegiarse, el rendimiento o la inclusión?

Estas buenas nuevas sudamericanas son a la vez alivio y condena: Perú fracasa en la que probablemente sea la región futbolística más competitiva del mundo, un consuelo con visos de fatalidad, al menos a mediano plazo. El déficit que muestra el contraste es larguísimo: técnico (cuán lejos de Perú está el cabezazo de Van Persie o el remate de Honda), táctico (el 3-4-3 reactivo de Holanda parece extraterrestre), físico (Costa Rica no pareció en absoluto frágil ante el rigor charrúa), anímico (véase el efecto que causó en Costa de Marfil el ingreso de Drogba) e identitario (ah, Prandelli). La única ventaja de que Perú no clasifique al Mundial es que es posible apreciar las virtudes ajenas sin el filtro turbio de las filias patrioteras. Aceptemos la generosidad de ese sosiego.

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