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"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel

Federer tendrá la satisfacción de haber protagonizado las dos batallas más importantes de la historia de Wimbledon

"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel. (Foto: AFP)

"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel. (Foto: AFP)

Hay algunas destrezas irrepetibles, eternas. Una de ellas es el drive paralelo de Federer; otra, los ángulos imposibles que Djokovic alcanza con su derecha. O, por qué no, el saque del suizo y el back cruzado del serbio. O la movilidad de Roger en el grass o los passing shots de ‘Nole’ cuando todo parece perdido. Los dioses del tenis favorecen a uno, después al otro. Pero en algún momento (tres sets, cinco sets) el partido acaba. El espectador, el televidente, se queda con la sensación propia del capricho, digamos, si no existiera un límite fijado estos portentos seguirían intercambiando golpes por toda la eternidad. Esta incertidumbre se convierte en un resabio y esa es la sensación que prevalece cuando la última final de Wimbledon termina.

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Cuando un quinto set de Grand Slam supera los seis puntos por lado, la idea de poder determinar quién es mejor que otro se vuelve relativo. En ese momento, el tenis ha entrado en un estado de excepción, ha infringido su propia regla de desempate (el ‘tie break’) y encuentra por toda solución la necesidad de extremar la condición física y mental para buscar, así, quién prevalezca. Pero no puede y, como corrigiéndose, el deporte se corrige y la vuelve a imponer. El juego pasa a ser dramático y el desgaste apenas se puede imaginar. En ese contexto todo es terrible; tanto el triunfo como la victoria se vuelven insoportables.

¿Pero cuál de ellos es mejor? No hay respuesta evidente. Las diferencias no se pueden establecer estadísticamente, ni a partir de la evaluación de méritos, ni siquiera por matices técnicos o criterios como el de la fortaleza mental. ¿Existen errores no forzados en estas condiciones? ¿Poner como frontera un ‘tie break’ en el empate a 12 puntos es correcto o solo necesario? ¿Medir los restos de cada uno de estos genios luego de cinco horas de brega es decisorio?

"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel. (Foto: AFP)

"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel. (Foto: AFP)

La historia dirá que Novak Djokovic es el ganador de Wimbledon en el 2019, pero será bastante más difícil que se narre qué pasó el 14 de julio en ese campo. Roger Federer, con sus 20 grandes a cuestas, tendrá la satisfacción de haber protagonizado las dos batallas más importantes de la historia del All England Lawn Tennis and Croquet Club: esta y la del 2008 contra Rafael Nadal. Es curioso notar que un atleta acostumbrado a ganar todo las perdió ambas.

También es probable que cuando el suizo se retire, en algún momento, lo haga con récord negativo ante sus dos más grandes oponentes. La vida está llena de paradojas. Es un mérito del tenis recordarnos que ello vale también para los genios, para los más grandes. 

"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel. (Foto: AFP)

"Conversación en la catedral", por Jerónimo Pimentel. (Foto: AFP)


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