Sporting de Lisboa, Manchester, Real Madrid y Juventus, los equipos de Cristiano. (Foto: Reuters)
Sporting de Lisboa, Manchester, Real Madrid y Juventus, los equipos de Cristiano. (Foto: Reuters)

“Ha llegado el día… Hoy damos la bienvenida a su nueva casa a Cristiano Ronaldo”. Florentino Pérez, en su estilo calmo, no parecía muy eufórico, elevó la voz lo más que pudo. Igual, sacó pecho: como presidente del Real Madrid, estaba presentando en el Santiago Bernabéu a una figura emergente del fútbol mundial. Convocados sólo para recibirlo, unos 80.000 merengues aplaudieron con ganas y arremetieron a coro: “¡Sí, sí, sí, Cristiano es del Madrid!”

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Con Alfredo Di Stéfano comenzó una tradición del club que es captar a las estrellas que van asomando en el firmamento de la número cinco. De donde sean. Lo exige la grandeza del escudo. Justamente Di Stéfano y Eusebio (finísimo detalle éste) estaban detrás del escenario; para abrirle la puerta el primero, para acompañarlo en tan trascendente instante el segundo. Fue el lunes 6 de julio de 2009, fecha patria para los millones de seguidores blancos.

Así fue la presentación de Cristiano. (Foto: Reuters)
Así fue la presentación de Cristiano. (Foto: Reuters)

Lo curioso: a Cristiano lo dejó fichado Ramón Calderón, el presidente anterior, que debió renunciar. Florentino llevaba apenas 37 días en el cargo y tenía que validar la operación de Calderón, pero era remiso, no estaba convencido pues le parecían una exorbitancia los 94 millones de euros (otros dicen 96) que había pactado su antecesor. De allí que la relación entre el goleador y “el presi” nunca fue de amor, más bien de conveniencia. Y el día que CR7 se puso ligeramente caprichoso, el Tío Floren le dio salida. Y con rédito: 105 y a la Juventus.

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El portugués fue un fenómeno en España, al punto de convertirse, quizás, en uno de los tres pases más extraordinarios de este deporte: 9 años, 450 goles (a exactos 50 por temporada) y dieciséis títulos, entre ellos 4 Champions, 2 ligas y 2 copas del Rey. Imposible sacarle más jugó a una transferencia. En adición, vendió decenas de millones de camisetas y souvenirs, universalizó más la popularidad del club, potenció considerablemente la marca Real Madrid. Y la felicidad de sus hinchas, que no tiene cómo medirse en números, no hay un alegrómetro.

Alex Ferguson cuenta en su libro Liderazgo que, al momento de firmar para el Manchester United, Ronaldo les avisó: “Vengo aquí, pero mi sueño es jugar algún día en el Real Madrid”. No querían por nada del mundo desprenderse de él. “Tuvimos que aceptar la oferta del Madrid para cumplirle la promesa”, señala Sir Alex.

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El primero de los supertraspasos fue quizás el de Ladislao Kubala al Barcelona. Su fútbol artístico generó tal adhesión en un medio de cierta tosquedad técnica como el español, que el Barza se vio impulsado a dejar su viejo estadio de Les Corts y levantar el gigantesco Camp Nou, para dar cabida a la masa creciente de aficionados en 1957. Con el húngaro nació la edad de oro azulgrana. Lo amaron. En el interín -1953- el Barza había contratado a Di Stéfano para juntarlo con Kubala y destrozar todo, pero una disputa histórica con el Madrid, en la cual el gobierno franquista tuvo fuerte injerencia, determinó que debía jugar dos años para cada uno. Finalmente, el club azulgrana renunció a él y Alfredo cumpliría quizás las once temporadas más gloriosas que se puedan imaginar. A un club que solo había ganado dos campeonatos (1932 y 1933) lo llevó a conquistar 8 ligas, 5 copas de Europa, 1 Copa del Rey y otros torneos. Pero más que eso, le transmitió su carácter, su credo: ganar, ganar y ganar. “En su mente no entraba la palabra empate”, lo definió José Emilio Santamaría. Por ello se lo considera la figura cumbre en Chamartín. Y antes había redituado ampliamente a Millonarios, que nunca lo compró, pero sí lo vendió.

Di Stefano como jugador del Madrid. (Foto: AFP)
Di Stefano como jugador del Madrid. (Foto: AFP)
Estatua de Laszlo Kubala Stecz en el Camp Nou. (Foto: AP)
Estatua de Laszlo Kubala Stecz en el Camp Nou. (Foto: AP)

Hubo genios que marcaron época en su club de cuna como Bobby Charlton (Manchester United), Beckenbauer (Bayern), Pelé (Santos), Zico (Flamengo), Messi (Barcelona), y otros que al pasar por varios equipos no están tan identificados con uno sólo. ‘La Máquina', célebre delantera de River de inicios de los ’40 tiene la rarísima peculiaridad de que los cinco atacantes eran de las inferiores: Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau. Y Di Stéfano, que entró al irse Pedernera, también.

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Entre los traspasos más fructíferos de la historia deben anotarse asimismo los de Puskas y Gento al Real Madrid; Ferenc llegó con 31 años y redondeó 8 estaciones maravillosas. Paco Gento, con apenas un año en el Racing de Santander, cumpliría 18 más en la Casa Blanca, ganando 12 ligas, 2 copas del Rey y 6 de Europa. Vicente Calderón, presidente del Atlético, no se habrá perdonado nunca haber transferido a Hugo Sánchez al Real Madrid. Que también acertó un pleno con Karim Benzema. Siempre supo comprar el Madrid. Otros casos brillantes en tal sentido son Roberto Carlos y Sergio Ramos. Éste, llegado del Sevilla, lleva 15 años dando beneficios.

Ramos llegó en el 2005 al Real. (Foto: AP)
Ramos llegó en el 2005 al Real. (Foto: AP)

Se habla de pases memorables en función no sólo de las conquistas sino del tiempo de permanencia, la identificación y lo que genera un futbolista en su nuevo club, como la revolución que causó Maradona en el Napoli y también en Nápoles, en el Calcio, en el país. Al margen de goles y títulos, Maradona, como Di Stéfano, llevó una idea: cambiar la mentalidad, pelearle al Norte rico desde el Sur discriminado y pobre, hacerles frente en el campo y fuera de él, rebelándose, generando casi una guerra de clases. Y fue venerado, está en el altar napolitano para siempre. El Napoli juntó hasta las monedas para pagar los 6 millones de dólares al Barcelona, pero recibió muchísimo más, y Diego lo elevó de categoría; el Napoli era chico-chico, ahora es importante, está al nivel de la Roma, convencido de pelearle a la Juve, el Milan o el Inter.

Maradona es ídolo en Napoles. (Foto: AP)
Maradona es ídolo en Napoles. (Foto: AP)
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Un comerciante ligado al Benfica pasó por Mozambique y quedó deslumbrado con Eusebio. Lo comentó en el club y, en una pulseada con el Sporting, Benfica se quedó con la Pantera Negra, quien sería una luminaria internacional: goleador de Portugal (6 veces), de Europa y del Mundial ’66. Once veces campeón portugués, campeón europeo y 474 goles en 440 cotejos hablan por Eusebio, sujeto buenísimo, muy humilde. Thierry Henry es tal vez el mejor fichaje de toda la Premier League. Sus siete primeros años en el Arsenal fueron de ensueño. Le dio 228 goles y siete títulos. Frank Lampard solo cambió de barrio: fue del West Ham al Chelsea, siendo uno de los negocios más provechosos del fútbol inglés: apenas 11 millones de libras. Kun Agüero ha sido fantásticamente productivo para el Manchester City: 254 goles y 12 coronas en un club que no ganaba nunca. Luis Suárez es un caso notable: fue contratación estelar de tres clubes, en los tres descolló y alcanzó la idolatría: Ajax, Liverpool y Barcelona.

Henry presentado por Wenger en 1999. (Foto: AP)
Henry presentado por Wenger en 1999. (Foto: AP)

Por un puñado de monedas se llevó Atlético Nacional a Franco Armani, de excepcional rendimiento. Luego lo pasó a River por casi 4 millones de dólares. A cambio de 2,5, el Milan disfrutó los seis mejores años de Marco Van Basten, sensacional centrodelantero. Por la misma cifra el Inter se llevó a Javier Zanetti (de Banfield) y Pupi jugó 18 temporadas en el cuadro nerazzurro, del que fue capitán y hoy es vicepresidente. Diez mil dólares le costó a Peñarol Alberto Spencer, monstruo del gol, tricampeón de Libertadores y artillero histórico (e inalcanzable) de la Copa. Apenas 600.000 dólares desembolsó el Valencia por su máximo ídolo, Mario Kempes, que lo recompensaría con goles y títulos.

No es suerte, es la receta de toda la vida: saber fichar.

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