Por Raúl Castillo

Son las 4:30 de la mañana del sábado. Mientras unos apuestan por regresar a su casa después de una noche de fiesta en los distritos de moda de Lima, José Wenzara-PUMA decide levantarse de su cama. La alarma ya no lo hace por él, pues de manera automática ya tiene programada a su mente que es hora de salir a correr. Solo hay oscuridad al mirar las calles desde el piso 10 de su departamento, pero para él - y otros corredores- es como si las veredas estuviesen iluminadas a plena luz del día. Como bien dice, “el running es una conversación interna y un deporte colectivo”, al coger las llaves de su auto, para encontrarse con más de 100 aficionados al deporte en la entrada del Country Club de San Isidro. “Hay que encontrar un grupo de gente para correr al lado, en grupo”, confiesa emocionado, viendo como cada fin de semana aparecen más seguidores, especialmente mujeres. Pues no solo se trata de un sábado, es la mayoría de los sábados del año que José y cada vez más adeptos decidan adentrarse a esta fiebre del running que ha tomado las calles de la ciudad.

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