'Canelo' Álvarez y Kovalev se enfrentan esta noche en Las Vegas. (Foto: AFP).
'Canelo' Álvarez y Kovalev se enfrentan esta noche en Las Vegas. (Foto: AFP).
Ricardo Montoya

Periodista y psicólogo

@RMontoyaDes

“Contradígame con amor, porque con amor digo”, escribió el poeta cordobés Vicente Luy unos años antes de tirarse del séptimo piso de un edificio. Un tiempo atrás había alumbrado un poemario, “La sexualidad de Gabriela Sabatini”, en el que, intencionalmente, no mencionó en ninguna línea de ningún verso una sola referencia a la vida íntima de la mejor tenista argentina de la historia. Luy, personaje inefable si los hay, trataba de aprovechar el morbo popular en torno al supuesto lesbianismo de Gaby para que leyeran su poesía. Algo así ocurre en estos días con el manejo del boxeo. Urge vender el alma al diablo, si es necesario, con tal de detener la diáspora de sus fanáticos hacia las Artes Marciales Mixtas (MMA, por sus siglas en inglés).

Hoy por la noche Saúl Álvarez, el ‘Canelo’, una réplica musculosa de Todd Alquist, el pelirrojo actor que encarna a Jesse Plemons en “Breaking Bad”, va por la corona semipesada del ruso Sergey Kovalev. Este combate probablemente no se hubiese realizado si es que los guantes del otrora ‘Crusher’ hubieran contenido la misma pólvora de antaño.

La pelea, aunque implica un alto riesgo para el mexicano (Kovalev sigue siendo peligroso), no entraña el mismo nivel de dificultad que en el 2014 cuando el de Kopeysk estaba en su plenitud y no evidenciaba aún señales de declive.

El caro de ayer entre Álvarez y Kovalev. (Foto: AFP).
El caro de ayer entre Álvarez y Kovalev. (Foto: AFP).

La apuesta de De la Hoya, representante del ‘Canelo’, puede fructificar. Ante un oponente robusto pero predecible Álvarez podría apelar a su técnica superior para acceder, por fin, al olimpo de los peleadores de élite. Por eso el evento ha sido bautizado como “El camino hacia la grandeza”. No cualquiera sube dos categorías para desafiar al monarca. Además, un combate entre dos campeones es siempre una oferta atractiva para los fanáticos, sobre todo si se tiene en cuenta las últimas muertes que el pugilismo ha cobrado.

El trágico deceso, hace diez días, de Patrick Day ha remecido, aún más, las estructuras de una disciplina que, inexplicablemente, suele boicotearse sola. La rápida respuesta del propio promotor del púgil fallecido, Lou di Bella, que en rueda de prensa manifestó que Patrick optó por esta profesión por amor y no por necesidad, ha sido un paliativo inútil ante tanto dolor. Algunos, inclusive, cuestionan la naturaleza deportiva del pugilismo.

Ese es precisamente uno de los pilares de la UFC y Bellator para sustraerle aficionados al boxeo. Si bien, como dicen los promotores de las MMA, el nivel de la violencia es similar, las lesiones no son tan graves, porque la acumulación de golpes es mucho menor. Otro argumento para plantear su supuesta superioridad sobre el boxeo, esgrime Dana White, es que son menos los entes que rigen estas prácticas y por lo tanto “somos más ordenados”.

Dana White (atrás) con los luchadores Jorge Masvidal y Nate Diaz. (Foto: AP)
Dana White (atrás) con los luchadores Jorge Masvidal y Nate Diaz. (Foto: AP)

El caso es que esta noche también hay velada de UFC. Jorge ‘Gamebred’ Masvidal, estadounidense de padre cubano y madre peruana, se medirá contra Nate Díaz, en un combate promocionado como “El más sucio de todos”. Frases subidas de tono, del uno y del otro lado, han servido como caldo de cultivo para que, tanto los contendientes como los miles de aficionados, dediquen su sábado por la noche a esta velada.

Dos ofertas, dos deportes, en los que debido al contacto físico es imposible mentir. Quizás allí radique el embrujo que siguen teniendo sobre sociedades que se precian de ser civilizadas. Esa es la verdadera pelea de esta noche: el boxeo vs. las artes marciales mixtas por el trono imaginario de los deportes de combate; por la adhesión del público y el negocio que esto implica.

Eso es lo que creo. Y si me equivoco, como decía el poeta, “contradígame con amor, porque con amor digo”.