Por Pedro Ortiz Bisso

Hace apenas cuatro años, cuando la pandemia empezaba a deshilacharse en recuerdos de dolor, Kevin Serna jugaba por el Cultural Santa Rosa. Era un colombiano flaquito e hiperveloz que había salido por segunda vez de su tierra (antes tuvo un paso por el Sportivo Luqueño de Paraguay) para participar en ese campeonato de bloopers también conocido como la Liga 2, donde los árbitros lanzan patadas de karatecas y los jugadores miccionan en la cancha mientras los médicos atienden a un compañero lesionado.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: