Por Redacción EC

Tres años después, la final del Mundial Qatar 2022 sigue siendo un partido que no terminó. Un fantasma luminoso que vuelve cada diciembre para recordarnos que el fútbol, cuando se atreve, puede rozar la literatura. Argentina y Francia no jugaron un partido: interpretaron una obra maestra. Un drama en tres actos, con una prórroga que fue epílogo y prólogo a la vez, y una tanda de penales que selló el mejor capítulo de Lionel Messi en los Mundiales como si el destino mismo hubiese firmado la planilla de alineación.

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