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“La pared de la resistencia”, por Guillermo Oshiro

“La Südtribüne del Dortmund intentará permanecer incólume ante la modernidad amenazante con una ‘gelbe wand’ infranqueable”

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Signal Iduna Park. (Foto: AP)

Mientras Florentino Pérez presentaba ayer el ambicioso proyecto de remodelación del Santiago Bernabéu vaticinando que será “el mejor estadio del futuro” –a un coste de más de 575 millones de euros–, en Dortmund se recordaba en silencio el aniversario 45 de la inauguración del Westfalenstadion, un recinto sin el ‘glamour’ de la casa del Real Madrid pero que ve representada en su Südtribüne lo que debería ser una tribuna de fútbol: un lugar exclusivo para el jugador número 12, el que va a la cancha para ‘trabajar’ y ejerce presión sobre el equipo rival con sus cánticos.

“Es la pared amarilla que más asusta”, calificó en su momento Bastian Schweinsteiger, campeón del mundo en Brasil 2014 e integrante de un todopoderoso Bayern Múnich que exterminaba rivales en cualquier cancha de la Bundesliga. Esa intimidante ‘gelbe wand’ (pared amarilla) a la que hace referencia el volante es el corazón del hogar del Borussia Dortmund, construido como sede del Mundial Alemania 74 y remodelado luego para la edición del 2006.

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Signal Iduna Park. (Foto: AFP)

“Sales y el estadio ruge, dejas la oscuridad y se hace la luz. Miras a tu izquierda y parece que hay 150 mil personas en la grada, todos completamente locos”. La descripción del ingreso al campo desde los vestuarios y la primera impresión que se tiene de la Südtribüne le pertenece a Jürgen Klopp, ese técnico con pinta de científico loco que recuperó el orgullo de las ‘abejas’ entre el 2008 y 2015, cuando puso en discusión la hegemonía del Bayern en territorio germano con su fútbol tan electrizante como el aliento de su barra.

Hoy rebautizado como Signal Iduna Park por un convenio comercial que data del 2005 y finaliza en el 2021, el ‘templo’ de Dortmund tiene una particularidad: cuenta con la tribuna popular más grande del mundo, una sola bandeja que acoge a 25 mil fanáticos locales de pie que hacen temblar los cimientos de la mole de cemento (la capacidad total del estadio es para 81.365 personas). Con 90 metros de largo, 52 de ancho, 40 de alto y una inclinación de 37 grados, la ‘gelbe wand’ es una trinchera indomable, un lugar para venerar a los ídolos que en la cancha defienden la bandera amarilla y negra.

En ese ambiente donde solo se respira fanatismo en su estado más puro, además de los cánticos se crean distintos ‘tifos’, esas obras de arte transformadas en mosaicos gigantes para generar un ambiente festivo incomparable. La mala noticia es que la modernidad va obligando a que esos viejos teatros del fútbol sean reconvertidos en escenarios con mayor capacidad, con más comodidades y de aspectos futuristas. Otros, como por ejemplo el Vicente Calderón del Atlético de Madrid, no tuvieron suerte y pasaron a mejor vida porque el sentimentalismo y el negocio no van de la mano. Y no existe mejor emblema de ello que el Real Madrid. En 42 meses verá su nuevo hogar remodelado, con 3.000 asientos adicionales, un techo retráctil, entre otros lujos, para ser “el mejor estadio del futuro”.

A casi 1.500 kilómetros de Chamartín, la Südtribüne intentará permanecer incólume ante la modernidad amenazante con una ‘gelbe wand’ infranqueable, porque en muchos lugares del mundo el fanatismo no se vende.

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