¿Es temerario pensar que Didí fue nuestro Zagallo, Oblitas nuestro Beckenbauer y Gareca nuestro Menotti? | OPINIÓN
En solo cinco meses, el fútbol mundial ha perdido a tres de sus viejos buques insignia: Mario Zagallo, Franz Beckenbauer y César Luis Menotti, técnicos que nos enseñaron que se podía jugar y ganar sin dejar de pensar. Opinión de Renato Cisneros.
Cuando a principios de los ochenta escuchamos sus apellidos por primera vez, los tres ya eran legendarios, ya tenían un lugar ganado en el podio de los grandes estrategas. Zagallo, Beckenbauer, Menotti. El Lobo, el Kaiser, el Flaco. El brasilero ya era el mítico técnico campeón del mundo con Brasil en México 70 (antes, como jugador, había levantado ese trofeo en dos ocasiones), pero el destino le tenía reservada una medalla adicional: la de tetracampeón en Estados Unidos 94. El alemán ya era el reconocido exlíder de su selección en la Copa del 74, pero estaba cerca de repetir el logro como técnico nacional en Italia 90. Y el argentino ya vivía envuelto en la fama obtenida por haber sido el entrenador que alcanzó en 1978 el primer título mundial para su país.
El siglo veinte del fútbol no podría explicarse sin el legado de los tres. Decir que solo fueron personajes sería simplificar la complejidad de sus miradas, de su forma de interpretar un deporte que para la gran mayoría de técnicos se rige principalmente bajo las leyes pragmáticas del resultado obtenido. Tal vez ninguno de los tres inventó nada, pero cada uno fundó un sello, una perspectiva, un estilo. Y así alcanzaron el éxito. El Lobo era personalista, frontal («si quieres que algo te salga bien, llama a Zagallo); el Kaiser, metódico, meritocrático («nosotros no hemos inventado la magia, el alemán tiene que trabajar si quiere triunfar»); el Flaco, romántico, lírico, rebelde («el fútbol es espacio, tiempo y engaño»). Incluso sus atuendos en el banco parecían definir una actitud moral hacia la vida: el Lobo salía siempre con buzo deportivo, el Kaiser se disfrazaba de catedrático; y Menotti, con cigarro y chaqueta larga, parecía un bohemio salido del último café abierto.
#ProfundoDolor La Asociación del Fútbol Argentino lamenta informar con enorme tristeza el fallecimiento de César Luis Menotti, actual Director de Selecciones Nacionales y ex técnico Campeón del Mundo de @Argentina.
Zagallo, que fue delantero de joven, supo inculcarle apetito ofensivo a la ‘Canarinha’, sin que por ello renuncie a su vistosidad inherente; en México 70, a pesar de disponer de un vasto número de habilidosos defendió a ultranza la idea de un conjunto solidario en constante movimiento. Menotti, también delantero en su día (llegó a compartir alineación con Pelé en el Santos), le inyectó a Argentina una mentalidad ofensiva que no tenía, pero además una serie de conceptos que se volvieron la base de su predicamento (como ‘el achique’, ‘las pequeñas sociedades’, o ‘la motivación y la dignidad’). Por su parte, Beckenbauer, que había sido un líbero cabal, dominador del espacio, guerrero y elegante, hizo que la Alemania campeona en Italia 90 fuese un equipo de principios: ordenado, no más contundente al atacar que al defender.
¿O deberíamos pensar que Didí fue nuestro Zagallo, Oblitas nuestro Beckenbauer y Gareca nuestro Menotti?
Quizá en países como el Perú profesionales como ellos resultan aún más admirables por la ausencia clamorosa de referentes locales. Nunca hemos tenido un técnico de jerarquía similar, ni por cosecha propia ni por importación del extranjero. ¿O deberímos pensar que Didí fue nuestro Zagallo, Oblitas nuestro Beckenbauer y Gareca nuestro Menotti? La analogía, lo sé, es temeraria.
Si algo añade grandeza a la memoria del Lobo, el Kaiser y el Flaco es que los tres fueron campeones mundiales representando a sus países, países cuyas federaciones jamás se plantearían contratar un técnico con otro pasaporte que no sea el de ese territorio. Es decir que estuvieron a la altura de un sueño conjunto, un proyecto nacional que disfrutaron a plenitud. También por eso la inmortalidad les está garantizada.