Por José Antonio Bragayrac

Antes que erosionar el ánimo, la roja a Nández lo que hizo fue forjar esa heroicidad que solo es capaz de emanar de la desdicha y la desventaja. A fin de cuentas, eso es más o menos Uruguay cuando le quitas el fútbol: un animal salvaje que te pelea hasta el aire a dientes y patadas. Y eso fue Uruguay para buscar el 0-0 con diez hombres en el último cuarto de hora y luego, en la tanda de penales (4-2) con un Rochet endemoniado que si atajó con guantes fue para no reventar la pelota con unas uñas que en algún momento del partido se volvieron garras.

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