Edgardo Bauza, el entrenador que quería cambiar el mundo
Edgardo Bauza, el entrenador que quería cambiar el mundo

Canchallena / GDA

Ni zaguero con pata ancha defendiendo a la tropa de ataques ajenos en un Mundial, ni entrenador que alza la como marca indeleble con sueños de selección. , de adolescente, lo único que quería era cambiar el mundo.

"Ja, sí, algo así. Fui concejal del Partido Socialista Auténtico, el del viejo Estévez Boero, en Granadero Baigorria, el mismo partido que ahora gobierna mi provincia. Era joven, pero estaba muy involucrado", cuenta. No quería ser futbolista, mucho menos técnico, prefería caminar por las calles de tierra. "Siempre me interesaron los problemas de la gente, desde chico. Por ejemplo, ahora, está este asunto terrible de la inseguridad. La muerte no tiene respuesta. Eso sí que no se puede controlar, según lo que veo.

La desigualdad social también es otro asunto importante. Pero amo a la Argentina con todos sus quilombos", contó semanas atrás. El Patón abría su mundo íntimo con las cosas de todos los días y ahora se abre de par en par, a la vista de todos: la emoción más sublime futbolera, con la Copa Libertadores en alto. En el cielo, con .

Se presenta el Patón en sociedad, con su experiencia copera a cuestas: campeón con la en 2008. El 'Ciclón' es el campeón, aunque está acéfalo: voló a , entusiasmado por la experiencia europea, su viejo anhelo. Todos, pero todos, le piden la copa. Que si tiene la fórmula, que si sabe de qué se trata. "Me volvieron loco desde el primer día por la copa", cuenta hoy, el conductor serio y meticuloso. Precavido y experimentado. Que luego de los tropiezos de la primera rueda, atravesada con angustia y algunos embates en el torneo doméstico, logra la consagración eterna.

Sabe, el Patón, que posiblemente viaje a Ecuador luego del magnético , para cumplir su viejo anhelo de conducir un seleccionado, aunque lo que disfruta hoy, ahora mismo, es algo único. Incomparable. Ganador internacional en Ecuador por primera vez, campeón de la deuda pendiente en San Lorenzo. Un especialista en los cruces directos, un fanático del equilibrio. Un amante de los elencos con personalidad avasallante. Todo eso logró en el Ciclón.

La gloria marea, pero no transforma. No en el caso del Patón, que a los 56 años sigue siendo el mismo hombre nacido en Granadero Baigorria. El que juega al tenis dos veces a la semana; el que abandonó al fútbol por una destrozada rodilla. El que va a recuperar, al menos por unos días, cumplida la obra maestra, el sabor por la lectura y el cine.

"Deseaba volver a la Argentina. Y San Lorenzo me movió el piso. Me lo sigue moviendo, en realidad", resume. Cuarto defensor con más goles de la historia, con 108 tantos: hasta tiene un diploma oficial de la con ese asunto. Tiene tres hijos: Emiliana, que vive en Rosario; Maximiliano, el creador de los videos del campeón, y Nicolás, el bebe ecuatoriano, fruto del amor con Maritza, también nacida en aquel bello país.

Fanático de , su padre jugó en la reserva del Canalla. No le sobraba el mango: día por medio se aburría como carpintero en las horas libres que le dejaba las divisiones menores. Patón, en realidad, era su hermano, Daniel. Edgardo, en sus primeros días, era el Patón pequeño. Su ídolo siempre fue el Matador, . Su espejo tenía la figura de Carlos Griguol, aunque aprendió de tantos: de , , , Pastoriza y Solari. Más tarde, entre lo que fue y lo que pudo ser, construyó esa imagen imperturbable, que hoy es su sello distintivo. Aunque dicen que es divertido en confianza, en la intimidad.

"Luché mucho para llegar hasta acá, pero no puedo proyectarme, es algo que me enseñó el fútbol argentino, que es terrible. La expectativa siempre es corta, hoy estoy arriba y mañana, en el pozo. Salir segundo no sirve de nada, es muy duro. Por eso, tener la gloria a mano es algo mágico. Difícil de olvidar. Aunque mañana..., mañana empieza otra ilusión", firma su declaración Bauza, que celebra a lo grande hoy, ahora mismo, aunque no por demasiado tiempo. Su concepción de la gloria no es eterna: es maravillosamente pasajera.