Por Raúl Castillo

En medio de los tumultos de una ciudad como Nueva York, en donde millones de personas caminan con prisa sin detenerse a ver a quién tienen al lado, Erling Haaland pasa desapercibido por los transeúntes. El ‘Androide’, que intimida a los defensas en las noches más importantes del fútbol del ‘Viejo Continente’, recorre la Quinta Avenida como un turista más. Gorro, lentes de sol, polo, short y zapatillas para hacer turismo en la Gran Manzana. Sin cámaras, autógrafos y la presión de obtener el triunfo, el delantero aprovecha los pocos momentos de calma que le regala este Mundial en Norteamérica, para compartir tiempos con su novia y amor de la adolescencia, Isabel Haugseng Johansen, y, sobre todo, vivir más allá de lo que es el fútbol.

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