Por Raúl Castillo

El gran problema fue la comunicación del entorno de Julián Álvarez. Su estrategia fue simple y descuidada: usar primero a la prensa partidaria del Barcelona e intermediarios para sembrar la semilla, para después exponer al futbolista con sus declaraciones en pleno Mundial y a miles de kilómetros de distancia de Madrid y los dirigentes del Atlético. “Lo mejor para todos es una transferencia, quiero cumplir con mi sueño. Trato de ser una persona honesta, ya hablé con la gente del club, con los que tenía que hablar”, indicó el futbolista para finales de junio.

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