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“Julio Grondona, el padrino de Messi”, por Daniel Arcucci

El presidente de la AFA y vicepresidente de la FIFA falleció esta mañana a los 82 años debido a un problema cardíaco

“Julio Grondona, el padrino de Messi”, por Daniel Arcucci

“Julio Grondona, el padrino de Messi”, por Daniel Arcucci

DANIEL ARCUCCI
Periodista argentino / GDA

"Ustedes son muy malos conmigo, muy malos. ¿Todo lo que hago está mal, todo? ¿Nunca hice nada bien, nunca hago nada bien? Ya me van a extrañar el día que falte". Con voz de Marlon Brando y música de fondo que se imagina aunque no suene, la voz de Julio Humberto Grondona llega a través del teléfono y el mensaje no trae sólo palabras. No fue ayer, ni anteayer. No fue una sola vez, ni dos. Cada vez que se da la oportunidad, sea en charla informal, sea en entrevista, sea al pedirle que gestione algo que él y sólo él puede gestionar, el presidente de la AFA aprovecha para quejarse de las críticas que recibe. Que en algunos casos, como aquí, no son pocas. Ni son tibias.

Una vez, durante una entrevista formal, apenas horas antes de que los goles pasaran a ser de dominio público, Grondona contestó de manera contundente a una pregunta elemental. A "¿Cuál piensa usted que ha sido su mayor defecto durante tantos años de mandato?" respondió "Fui demasiado generoso con los dirigentes de los clubes, les di demasiado dinero y permití que se endeudaran". No había sido ese su principal defecto, en realidad, sino la principal razón de su poder eterno.

Ese poder trascendió fronteras: Su autodefinición "Soy el vicepresidente del mundo" no suena exagerada cuando se está en el contexto de un Mundial de fútbol. Tampoco, cuando se comprueba la influencia que ha tenido en las últimas decisiones de la FIFA, con la multiplicación de la presencia sudamericana en las Copas del Mundo como un ejemplo de esa tarea.

Mucho de lo que ha hecho está mal; de allí las críticas. Pero cuando algo ha hecho bien, hay que decirlo. Messi es un caso. Grondona escuchó a Tocalli en el origen de la historia, le marcó la cancha a otros en el desarrollo, lo puso sobre todos en el momento en que había que elegirlo. Y lo respalda en el momento en que, sabe, es la llave que lo puede llevar a la victoria, como en el '86. No casualmente, ayer, el Jefe se mostró con el Capitán. Sabía que lo estaban mirando, como sabe cuando lo están escuchando.

Este artículo fue publicado el jueves 19 de junio del 2014.

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