"Le dicen ‘El Matador’", por Ricardo Montoya [OPINIÓN]

“Si cambian la Torre Eiffel por mi estatua, me quedo”, había ironizado Zlatan Ibrahimovic sobre la posibilidad de renovar votos con el PSG francés. Exuberante y multicampéon, sus títulos y sus números le permitían bromear sobre su inminente despedida. “Les va a costar reemplazarlo”, era la voz que más hacía eco en toda Europa. Incluso, puertas adentro del vestuario del Parque de los Príncipes, los susurros daban cuenta de la millonaria inversión que tendría que desembolsar el jeque catarí para cubrir ese puesto si pretendía que su club siguiera brillando. En esa delicada tesitura, Unai Emery, el estratega vasco de los parisinos, decidió contradecir a todos y mutatis mutandi expresó: “Necesito reforzar otras posiciones, Edison será el 9 de mi equipo”. El golpe de fe de su entrenador tuvo un efecto inmediato en , quien recogió el testimonio y lo tradujo en una compulsión goleadora delirante: en 52 partidos de toda la temporada anterior convirtió 25 veces. En esta, lleva 34 goles en solo 32 juegos. Una enormidad propia de un artillero que quiere demostrar que en el PSG nadie es imprescindible.

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El presente estelar del uruguayo no lo cincelan únicamente la confianza de su entrenador ni el que por fin juegue en el puesto en el que se siente más cómodo. No, estos aspectos contribuyen, vivamente, a optimizar su desempeño en la cancha. Pero en realidad el suceso continuado de ‘El Matador’ está íntimamente ligado a algunos rasgos de su personalidad. Es decir, a esa inquebrantable perseverancia que lo impulsa a tratar de “no sentirse vencido, ni aún vencido”, como decían los enjundiosos versos del poeta Almafuerte. El crecimiento futbolístico de Edison es asombroso, si uno advierte el sinnúmero de carencias técnicas que lo retrataban de juvenil en las selecciones uruguayas. En las antípodas de Luisito Suárez, que es un futbolista excelso lleno de virtudes innatas, Cavani, su suplente, era torpe y desgarbado, aunque fuerte, elástico y tenaz. Fueron su espíritu y el afán de parecerse a su ídolo, Gabriel Batistuta, las veletas de sus años mozos, los vientos que soplaron y que lo hicieron comprender temprano que la única forma de pulir virtudes es con el rigor de los entrenamientos.

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Así se transformó en un jugador que maneja los dos perfiles, que mejoró su juego aéreo y que se animó a ejecutar los tiros libres y los penales del equipo con envidiable precisión. Su fibra goleadora lo llevó hasta Italia donde supo triunfar el ‘Bati’, solo que con la camiseta celeste del Napoli y no la violeta de la Fiorentina. Igual, conserva la melena crecida, a manera de tributo al goleador rosarino.

Otra de las fortalezas del ‘Matador’ celeste es su paciencia. Edison ha sabido ser lugarteniente, sacrificando su comodidad en la cancha en pro del equipo primero y de su inestimable aprendizaje táctico después. Se supo subordinar al ego de Suárez y a la soberbia de Zlatan para acompañarlos en distintas cruzadas futbolísticas exitosas. Cavani se educó en la espera y esta fructificó en el momento justo: este 2017, ya con 30 años en la espalda, su reconocimiento es universal.

Su mérito principal radica en que siempre estuvo convencido de que en algún momento a los demás, a los que tomaban las decisiones importantes, se les iba a prender el foco, repararían en él y se darían cuenta de que con ‘El Matador’ se puede contar siempre.

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