Por José Antonio Bragayrac

Los síntomas ya son conocidos. Aparecen sin aviso cada cuatro. Se manifiestan en forma de videos de goles vistos por enésima vez, discusiones imposibles sobre quién fue mejor, si Diego Maradona o Lionel Messi, si Ronaldo o Cristiano, si el Brasil del 70 o el España del 2010. Para nosotros los peruanos, además, tienen un matiz especial: otra vez veremos la Copa del Mundo por televisión. Otra vez seremos espectadores. Y quizá por eso la nostalgia golpea cada vez que tomamos el control remoto.

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