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"Marcelo Gallardo: el Napoleón desembarcó en Núñez", por Ricardo Montoya

"Gallardo ha ofrecido sobradas pruebas de su pericia y, como el emperador de los franceses, las ejecuta desde la innovación estratégica"

Marcelo Gallardo

Marcelo Gallardo es el líder de River Plate, que busca su segunda Copa Libertadores consecutiva. (Foto: Reuters)

(Foto: Reuters)

–Che, solo le falta la mano oculta dentro del pecho.

A Marcelo Gallardo, en el Río de la Plata, le encuentran un parecido físico a Napoleón Bonaparte y, por ese motivo, no son pocos los que lo llaman así: ‘Napoleón’. El apodo alude, básicamente, a la similitud en contextura y talla que asemejan al técnico riverplatense con el pequeño gran corso. Lo paradójico es que, con el transcurso del tiempo, varios de los que lo bautizaron de forma tan peculiar, han advertido que la curiosa analogía entre ambos no se limita a su físico, sino que son similares, también, en otros aspectos.

“‘Imposible’ es una palabra que se encuentra solo en el diccionario de los necios”. Con esta frase exhortó a sus tropas el locuaz Bonaparte, minutos antes de enfrentarse a un ejército más numeroso en los campos de Austerlitz. Magistral en la estrategia bélica, Napoleón derrotó a las huestes ruso-austríacas y obtuvo el universal reconocimiento que merecía su talento militar.

Aunque lejos de ser una batalla, el fútbol es también una contienda en la que habitualmente existen vencedores y vencidos. En el césped que alberga al balompié, los aspectos táctico y emocional son fundamentales. Gallardo ha ofrecido, ya a esta altura de su corta carrera de director técnico, sobradas pruebas de su pericia y, como el otrora emperador de los franceses, las ejecuta desde la innovación estratégica en el rectángulo de juego. Además, como Napoleón, transmite enormes dosis de confianza a sus hombres.

Dos veces lo dieron por muerto en la Libertadores y dos veces supo reinventarse para acallar la euforia de los rivales que celebraban por adelantado. En el torneo continental del 2015, River Plate, su equipo, consiguió a duras penas superar la primera etapa de la competencia. Empató dos veces con el Aurich pero, sobre el final, terminó consagrándose en la Copa. Un año antes, con el mismo plantel, había conquistado la Sudamericana. Esa oncena conjugaba poesía y modernidad en sus entrañas. Al vértigo que imponen los tiempos modernos, el ‘Muñeco’ lo salpimentaba con las libertades necesarias que precisa el talento para mostrarse en plenitud. La otra oportunidad en que lo condenaron antes de tiempo es en la actual edición de la Libertadores. Tras la catástrofe en Cochabamba, donde cayó 3-0 contra el Wilstermann de Mosquera, supo corregir en casa endilgándoles ocho goles a los aviadores y, de paso, logrando meterse en las semifinales del torneo. El último martes por la noche, River sometió a Lanús en casa y espera la vuelta para sellar su pasaporte a la final. De la nómina que ganó todo hace un par de años quedan poquísimos nombres, pero igual la banda roja sigue tocando sus mejores notas. Con mirada intuitiva, Gallardo ha sabido sustituir con jóvenes ambiciosos, como De la Cruz y Saracchi, a piezas supuestamente irreemplazables en la escuadra como Sebastián Driussi y Lucas Alario. Lo único que permanece invariable en este River de hoy que compite en todos los frentes (Libertadores, campeonato local y Copa Argentina) es la batuta que dirige al grupo. La muñeca del ‘Muñeco’ se deja sentir siempre.

El trascendido es que las diferentes versiones ofensivas de este River exitoso hicieron que hace unos meses, en la cúpula de la AFA, preguntasen por su técnico para hacerse cargo de la selección argentina. Cortésmente, Gallardo ha declinado la oferta, informándoles a los dirigentes de su país que todavía no era “su” momento para asumir las riendas de la selección. Él prefiere ir quemando progresivamente las etapas naturales de su crecimiento deportivo. De dirigir al Nacional uruguayo, donde consiguió el título, pasó a Núñez, donde ha seguido festejando con frecuencia.

Últimamente se está especulando mucho sobre su futuro. En Chile lo quieren para que empiece a buscar los relevos que sustituirán a la ‘generación dorada’. En Mónaco, lo mismo. Gallardo habla perfecto francés y en el año 2000 como futbolista fue campeón con los del principado. Marcelo, por su parte, espera diciembre para decidir su próximo destino. “Hay que sembrar futuro”, dijo Napoleón alguna vez. Gallardo no lo dice, pero lo practica en cada una de sus campañas.

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