Por Marco Quilca León

Hay pasiones que nacen en la cancha y otras que sobreviven fuera de ella. La de Jack Hurtado pertenece a ambas. En 2004, cuando una lesión lo obligó a dejar el fútbol competitivo en las divisiones menores de Sporting Cristal, encontró una forma distinta de seguir ligado al juego: empezó a coleccionar álbumes de figuritas. Lo que comenzó como una búsqueda personal terminó, más de dos décadas después, en un museo con más de 10 mil piezas y una obsesión que lo lleva cada cuatro años hasta Suiza, más de 10 mil kilómetros de distancia.

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