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Real-Barza: las claves de un partidazo que ganaron los culés

El equipo catalán se impuso 4-3 a Real Madrid y ahora los separa un punto en la lucha por el título de la Liga

Real-Barza: las claves de un partidazo que ganaron los culés

Real-Barza: las claves de un partidazo que ganaron los culés

HORACIO ZIMMERMANN

Paciencia. Barcelona ganó el partido por el camino más impensado: dos penales. Merecido premio a la insistencia de un equipo que estuvo en dos ocasiones abajo en el marcador y supo remontar 4-3 en el Bernabéu gracias a la sabiduría de Iniesta. Barcelona volvió a la vida, confirmó que es el mejor para administrar la adversidad. No le importó ni lo reducido de los espacios ni la férrea marca del rival; tocó, elaboró y ganó con triplete de Messi.

Actuaciones superaltivas. No hay nada mejor que un Messi para este Barcelona. Fuera del área tiró una asistencia a Iniesta en el primer gol; dentro del área, hizo tres, dos de ellos de penal. La otra gran figura, Andrés Iniesta: decisivo en el arranque y en el final. Anotó el gol que abrió el marcador en el clásico y generó el penal con el que Barcelona logró el 4-3 a través de Lio. El nivel de ambos se aproximó al que se les atribuía durante la era Pep Guardiola.

Contundencia. Hubo un momento de quiebre en el partido: la remontada del Madrid en apenas cuatro minutos con goles de Benzema. La mejor producción de Barcelona había sido en los primeros 20 minutos (anotó un gol, erró dos claras, y atrás no cedió opciones), en los que desplegó un fútbol variado y dinámico, pero luego se vio superado por un Madrid muy de Di María. Pese a voltear, el equipo de Ancelotti erró mucho de cara al arco. Y se sabe que gana el que aprovecha y pierde el que despilfarra. El Barza fue contundente y ganó.

Desequilibrio. La expulsión de Ramos tiró abajo la disposición táctica del Madrid. Primero porque Ancelotti tuvo que sacar a su goleador (Benzema) en beneficio de un defensa (Varane), que lo obligó a depender de alguna genialidad de sus estrellas (Bale o Cristiano) para ganar el partido. La salida de Benzema fue una renuncia anticipada a la victoria. Tiró abajo el buen funcionamiento colectivo táctico en ataque de los blancos. Y segundo porque permitió que el Barcelona empate el partido y destile toda su capacidad colectiva-individual al servicio de lo que mejor sabe hacer: atacar. Insistió, paciente, y ganó.

Estilos diferentes. A Barcelona no le interesa el transporte individual de la pelota. Le interesa la circulación, siempre y cuando traiga como consecuencia una acción de gol. Si para eso debe tocarla 100 veces antes de llegar al área, lo hace. No renunció a ese estilo, y fue así como ganó. Xavi a Iniesta, Iniesta a Pedro, Pedro a Iniesta y penal. El Madrid, por el contrario, desniveló a través de su poder de desequilibrio individual (principalmente con Bale y Di María) en los últimos metros. En ese papel, el argentino fue el mejor. Lástima que quien mejor lo aprovechó (Benzema) se haya marchado del campo.

El árbitro. Pitó un penal inexistente contra Cristiano –la falta de Alves fue afuera del área– y se le reclama que el penal a Neymar y la expulsión de Ramos no fue justa. Su actuación no fue buena, pero como diría Diego La Torre: “Polémicas al margen, gracias por el fútbol”.

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