“¡De que acá me sacan en camilla!”, respondió, en tono desafiante, mientras se levantaba una vez más para seguir corriendo. A unos metros, la doctora y el técnico de la selección colombiana -en ese entonces Felipe Taborda- miraban la escena confundidos. Entre la admiración y el respeto por el esfuerzo, y la preocupación por su salud. Esa tarde soleada de inicios del 2015, Catalina Usme (Antioquía, 1989) estaba pálida, con síntomas de fatiga por el sobreesfuerzo. Fue la única en quedarse a seguir entrenando en una de las canchas de la sede deportiva de la federación colombiana. ¿El motivo? Unos meses atrás había sufrido por segunda vez la rotura de ligamentos cruzados y del menisco de su rodilla derecha. La primera fue en 2012, justo en los primeros Juegos Olímpicos a los que clasificaron.

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