Hay momentos en el fútbol que no necesitan un gol para quedar en la memoria. Milan, un pequeño hincha del Lille, fue protagonista de uno de ellos. Después de superar el cáncer, el niño recibió una invitación que difícilmente olvidará: salir al campo del Decathlon Arena para realizar el saque de honor antes de un partido de su equipo. Y su rostro lo dijo todo.
Hay momentos en el fútbol que no necesitan un gol para quedar en la memoria. Milan, un pequeño hincha del Lille, fue protagonista de uno de ellos. Después de superar el cáncer, el niño recibió una invitación que difícilmente olvidará: salir al campo del Decathlon Arena para realizar el saque de honor antes de un partido de su equipo. Y su rostro lo dijo todo.
Las cámaras captaron cada segundo. Milan ingresó al terreno de juego con una mezcla de ilusión, nervios y absoluta incredulidad. Frente a él estaba el estadio que tantas veces imaginó desde su condición de hincha, pero esta vez no estaba en la tribuna: tenía el privilegio de pisar el césped y dar inicio simbólico al encuentro. La emoción del pequeño terminó contagiando a los presentes y convirtió el momento en uno de los más especiales de la jornada.
La historia adquiere todavía mayor significado por el vínculo que el Lille mantiene con el Centro Oscar Lambret, institución especializada en oncología y referente regional en el tratamiento del cáncer. El club francés participa desde hace años en iniciativas vinculadas con el centro, con actividades que incluyen visitas de sus futbolistas, encuentros con pacientes y acciones dentro del estadio.
En septiembre, además, el Centro Oscar Lambret impulsa la campaña “Septembre en Or”, dedicada a generar conciencia y movilización alrededor del cáncer infantil. La institución atiende y acompaña cada año a alrededor de 1.200 niños, adolescentes y jóvenes adultos afectados por esta enfermedad en la región de Hauts de France.
Por eso, el saque de honor de Milan fue mucho más que un acto protocolar antes de un partido. Fue la celebración de una historia de superación y una manera de devolverle al pequeño hincha una ilusión después de atravesar una etapa difícil. Durante unos minutos, el fútbol dejó de ser solamente fútbol: fue el escenario perfecto para cumplirle un sueño a un niño que volvió a sonreír.
Y quizá por eso la imagen de Milan conmovió tanto. No hizo falta que tocara una pelota, marcara un gol o levantara un trofeo. Bastó con verlo caminar hacia el centro del campo, mirar alrededor y entender que ese momento era real. El pequeño hincha del Lille ya tiene una historia que difícilmente olvidará. Y el estadio, otra que seguramente tampoco.
*******
SOBRE EL AUTOR
Periodista en Deporte Total de El Comercio desde 2018, el mismo año que Perú cumplió el sueño de volver a un Mundial. Siete años en el diario con coberturas de Eliminatorias, Copa América, Mundial, Juegos Olímpicos, Juegos Panamericanos, en vivo y streaming.
Ver más