Por José Antonio Bragayrac

La pirueta es tan artística como demoledora. Elevado en el aire, gestiona con impecable habilidad su cuerpo para sacar una chalaca impensada frente a la mirada atónita del zaguero argentino Franco y toda la inutilidad con que se lanza el arquero Rafael, solo para acompañar una definición soberbia, producto de la magia y el carácter de Kevin Quevedo.

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