Por José Antonio Bragayrac

Hubo una época en la que un futbolista se retiraba y, salvo que se convirtiera en técnico, dirigente o comentarista, poco a poco desaparecía de escena. No había mucho más. Podía abrir una academia, poner un negocio, dedicarse a otra profesión o simplemente disfrutar de la vida después del fútbol. Si quería contar sus historias, esperaba a que algún periodista lo llamara. Hoy eso cambió. Vargas transmite en Youtube. Farfán tiene su programa. Butrón participa en espacios digitales. Y Paolo Guerrero incursionó a inicios de año en el streaming.

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