ActualidadEsa sonrisa coqueta de quien se sabe protagonista máximo de la noche no admitía nada menos que aplausos y gritos de aliento y locura desde las tribunas. También cánticos. Paolo Guerrero, ya en la cancha y haciendo trabajo precompetitivo junto a sus compañeros, era el centro de atracción a media hora de un partido que bien podía ser una anécdota si no fuera por el debut del Depredador en Alianza Lima y, sobre todo, por su compadre Jefferson Farfán que, junto a Roberto Guizasola, cumpliría su promesa de alentarlo desde la tribuna popular sur.
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Paolo hacía toquecitos con la pelota y piques cortos, mientras que Jefferson Farfán despertaba la atención y curiosidad de todos los asistentes en la explanada de Matute. Un rumor decía que ya estaba en el estadio, aunque nadie podía ubicarlo para las fotos. Corrían los minutos y la desesperación con ansiedad por ver a la ‘Foquita’ cumpliéndole la promesa a su compadre se llevaba toda la atención de los aficionados.
Era complicado que Farfán llegue a sur sin generar desorden. Quizá y por eso los primeros minutos del Diez de la Calle fueron de mucho misterio. Primero porque no se sabía por dónde ingresaría y luego, cómo es que terminaría moviéndose del hall de occidente central hacia sur. Incluso, por unos minutos hubo algo de confusión cuando quedó encerrado en uno de los baños, a la espera de despistar a los hinchas y a los medios periodísticos.
Hasta que de pronto apareció en sur junto a Roberto Guizasola, escoltado por un buen número de barristas, hasta llegar al corazón de la tribuna, entonces con Guizasola unos escalones más atrás, y luego de tomarse fotos y sonreír para los videos de los hinchas más cercanos, Jeffry empezó a disfrutar del partido y a cantar, alentar y putear cada vez que el partido lo pedía. Era, tal como lo había prometido, un hincha más, ahí donde revienta el bombo en la tribuna.
Hasta que llegó el minuto 24 y un golazo de Hernán Barcos, que intentó tirar un centro y la pelota terminó metiéndose al arco. Entonces la Foquita y Paolo volvieron a ser esos chiquillos que se conocieron en menores de Alianza Lima y los dos celebraron como locos: uno desde el corazón de Comando Sur y el otro saltando desde la banca de suplentes para quedarse sin aliento.
Parecía todo felicidad, todo alegría y un evento inolvidable. Parecía porque en sur, ahí mismo donde estaba Farfán en una muestra de afecto y amor por Paolo y Alianza Lima, a unos metros nada más, una trifulca se generaba entre los mismos barristas del club. Una bronca en la que tuvo que intervenir la policía y que puso en riesgo el partido. Tanto, que por los altavoces se escuchó la advertencia de que, si no cesaba la trifulca, se podía suspender el juego.
Pasaban los minutos y Farfán seguía en su salsa, en sur, con su gente, alentando y pasándola bien, mirando seguramente de reojo a su compadre, que desde la banca también, por ratos tal vez, lo buscaba por la mirada avisado por sus compañeros que la Foquita cumplía su promesa y esperaba su ingreso para celebrarlo desde la tribuna.
Camiseta de Alianza Lima bien puesta y bien sudada, y chompa amarrada al cuello. El Farfán que había llegado a Matute en un Mini Cooper era ahora un hincha de a pie más. Peor todavía cuando a los 71 Paolo se pone de pie y se alista para entrar. Entonces le avisan a Barcos y el Pirata se acerca a la línea y en el camino se quita la cinta de capitán para dársela al Depredador. Y Matute estalla. Gritos, aplausos, euforia desde las cuatro tribunas porque, finalmente, Paolo cumplía el sueño del hincha blanquiazul.
Matute. pic.twitter.com/2gUxcLqtLc
— Fernanda Huapaya (@FernandaHuapaya) September 14, 2024
Un detalle, tal vez planeado o quizá resultado del azar, pero Paolo Guerrero ingresó cuando el arco de Mannucci estaba en sur, como para apuntar a la misma tribuna donde estaba su compadre. Farfán arengó a su excompañero de selección y amigo los más de 20 minutos que estuvo en la cancha. Fue una promesa y cumplió. faltó el gol de Paolo para devolverle el gesto, pudo ser perfecto, pero tocó esta vez el dramatismo de un partido que se ganó con las justas.
















