Por Renato Cisneros

Alianza se trae un punto de Asunción, en el partido con Nacional. Alianza elimina a Boca en Buenos Aires. Alianza le voltea el partido a Cristal en un Nacional repleto de hinchas cerveceros. Alianza viaja a Iquique y se trae los tres puntos. ¿Qué ha sucedido con el plantel íntimo que de pronto –salvo en su presentación en Sullana por la liga local– se ha convertido en un visitante incómodo, un equipo que no parece sufrir los estragos del cambio de escenario, ni los embates de las hinchadas contrarias. ¿Es coincidencia? ¿Es solo otra manifestación de la buena racha que atraviesa? ¿O hay alguna razón adicional que pueda explicar este súbito empoderamiento aliancista en cancha ajena? Y digo empoderamiento porque Alianza, al menos por ahora, no solo es un cuadro que de visita consigue buenos resultados, sino que ataca al anfitrión, marcando y desplazándose como si jugara en Matute. Esa dinámica regular ha despertado el halago sincero de los cronistas extranjeros (y la sincera envidia de los hinchas de la U).

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