Por José Antonio Bragayrac

De cuclillas, a los gritos y con gestos feroces, que es como suele vivir los partidos -sean victorias, empates o derrotas-, Pablo Guede no escatimó en preservar su hígado anoche al borde del campo del estadio Río Parapití. Carajeó a quien tuvo cerca y al que lo tenía lejos le transmitió su metódica histeria con gestos. Al final no alcanzó. En el primer partido en serio, más allá de las bajas por lesión, este Alianza Lima de Guede empezó con el pie izquierdo la Fase 1 de la Libertadores.