Por Rogger Fernández

La secuencia posterior al gol es brutal. Mientras Hernán Barcos corre con los brazos pegados y esperando perderse entre el tumulto de los compañeros, Néstor Gorosito extiende las manos hacia el cielo y desahoga el grito contenido totalmente solo. En ese instante, se siente vencedor en el Arena do Gremio. Un predestinado que encontró en Alianza Lima a su lugar en el mundo. Retoma la serenidad, se acomoda el saco y espera el pitazo final que llegó después de los 96′. Y con él, no solo la clasificación a octavos de final de la Copa Sudamericana, sino también una serie de récords, rachas y reconocimientos que el técnico y su ‘Piponeta’ todavía no han dimensionado como tal. O tal vez sí.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: