Por Raúl Castillo

La celebración en el fútbol pasa en un abrir y cerrar de ojos, como la vida misma. Una noche, te llenas de abrazos entre jugadores y comando técnico tras una clasificación de ensueño en el Inca Garcilaso de la Vega; a la madrugada, ya te encuentras viendo videos del siguiente rival al más mínimo detalle, sea para la Liga 1 o el siguiente juego de la Copa Sudamericana. Así transcurre el día a día de Horacio Melgarejo al mando de Cienciano. En cuestión de minutos, pasa de la euforia sobre la línea técnica del campo a llegar a su departamento en el Cusco, poner -muy arriba- la música de fondo de Los Palmeras o Gilda y salir, nuevamente, a la calle para ir a comer a la pizzería de siempre en la avenida de la Cultura. Allí pide el resumen del partido, que acaba de ver en la cancha y preparar el cierre de la semana con otro partido.

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