Por José Antonio Bragayrac

Ítalo empezó siendo Espinoza y llegó al pitazo final evocando las atajadas gloriosas de Ibáñez. O al menos esa es la sensación que deja este Cienciano en cada partido de la Copa Sudamericana: nostalgia, expectativa y una inevitable evocación a esa campaña inolvidable del 2003. Hoy, tras eliminar a Botafogo en Río de Janeiro, el parentesco con la gloria está un escalón más cerca.

Conforme a los criterios de

Trust Project
Tipo de trabajo: