Por José Antonio Bragayrac

Muchos años después, frente a un recorte de periódico, el ahora exfutbolista Francesco Manassero había de recordar aquella tarde remota en que el entrenador le llevó un chamán. Defensor Lima era entonces un club de miles de problemas, intentando trajinar por la temporada con un plantel golpeado por la crisis económica que por esos tiempos azotaba al fútbol peruano y hacía improbable mejores auspicios y por ende, mejores salarios. El histórico cuadro de Breña ya había padecido con el CLAE de Carlos Manrique y luego, alcanzaría la cúspide de la tragedia en el descenso deportivo con una marca auspiciadora que, digamos, por esas ironías de la vida, resumía todas las emociones ajenas a una escena de caída: Erectol.

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