Por Marco Quilca León

Su aparición fue efímera, como el paso de una estrella fugaz a la que se le piden los más hermosos deseos. Una pelota de cuero las juntó a inicios del 70. Era, por entonces, el principio de la mejor década del fútbol peruano, pero también años en que una mujer, que recién en 1956 se había ganado el derecho al voto, tenía casi prohibido practicar el deporte. En ese contexto, como acto de rebeldía por un amor incomprendido, salieron ellas, las primeras futbolistas peruanas que dejaron todo para representar a nuestro país en partidos internacionales, las madres de nuestro fútbol.

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