Por José Antonio Bragayrac

Una de las últimas figuras elogiadas por su refinado estilo para triturar a los oponentes sin clemencia pero con una elegancia que se confundía fácilmente con ternura, se llamaba Sandro Paulo Baylón Capcha. Quienes se desvelaron la primera madrugada del 1 de enero del año 2000 por miedo al colapso digital, que por esos tiempos nos aterrorizó debido al cambio de cuatro dígitos que implicaba el nuevo siglo para los sistemas de software, terminaron sorprendidos aquella mañana por una triste noticia: el fallecimiento de la entonces figura de Alianza Lima en un accidente vehicular que acabó con su vida a los apenas 19 años. Su pérdida enlutó a todo un país que veía en él a un caudillo con un futuro enorme en Europa. Luego de 25 años otra tragedia conspira para entristecer el día con la muerte del futbolista brasileño Diogo Jota, figura descollante del Liverpool inglés y de la selección de Portugal, producto de un despiste y posterior incendio de su vehículo.

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