(Foto: GEC)
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El amor que le tengo al fútbol no alcanza para aliviar las dudas que me genera el anuncio de su vuelta. Lo dice quien recuerda con cariño sus años como periodista deportivo, recorriendo el Perú a través de sus estadios, y que muchas veces prefirió ver un partido del viejo Descentralizado antes que disfrutar de la Premier o un encuentro de la Liga española.

Con el concurso de especialistas de distintas ramas, la Federación Peruana de Fútbol ha elaborado un protocolo que, según el ministro de Salud, probablemente tome dos semanas en aprobarse. Se sabe que el documento establece una serie de normas muy estrictas como la toma de pruebas de descarte antes del reinicio de los entrenamientos, controles regulares, uso de material de protección y respeto a los patrones de distanciamiento social para minimizar la posibilidad de contagios con el COVID-19.

En contra de lo que señalan muchos de sus gratuitos odiadores, nuestro pequeño torneo mueve la economía de miles de personas. La familia futbolística no solo la componen los jugadores y los cuerpos técnicos. Forman parte de ella también asistentes, administrativos, personal de limpieza, cocineros, jardineros, choferes, así como quienes trabajan con los auspiciadores y otros etcéteras más. Provee, además, entretenimiento para millones. Es parte de nuestra cultura.

El origen de mis dudas es simple: antes de que se desatara la pandemia, nuestra organización futbolística era calamitosa. La urgencia de una reforma profunda que ofreciera buenas prácticas profesionales, transparencia y fortalecimiento institucional era exigida a gritos. Los penosos resultados obtenidos por nuestros clubes en competencias en el exterior eran la expresión más cruda de esa espantosa precariedad.

¿Esa misma organización va a poder manejar con prolijidad un campeonato en medio de la peor crisis sanitaria de las últimas décadas? ¿Cuenta con el personal idóneo y los recursos para sacarlo adelante? Menciono esto más allá de que, como ha ocurrido con otras ligas en este mismo trance, es imposible que no se descubran futbolistas contagiados. Parte de la ‘nueva normalidad’ es que conviviremos con el COVID-19 por un buen tiempo, de ahí que estas situaciones son inevitables.

Pero, insisto, ¿ese mismo sistema que vive años cayéndose a pedazos podrá sostener la vuelta del fútbol en tan graves circunstancias? Permítanme dudar.

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