Alianza Lima acumula 23 partidos sin ganar en Copa Libertadores de América. (AFP / POOL / Sandro Pereyra)
Alianza Lima acumula 23 partidos sin ganar en Copa Libertadores de América. (AFP / POOL / Sandro Pereyra)
Pedro Ortiz Bisso

Las burlas cuando el rival pierde son propias del folclore futbolístico. Desde anoche, los mensajes por whatsapp hierven de memes y videos referidos al nuevo fracaso de Alianza Lima en la Copa Libertadores. Con el 0-2 ante Nacional, no solo sumó 23 partidos consecutivos sin ganar, sino que alcanzó su derrota 100, números sin precedentes en la historia de ese torneo.

La suerte del campeón Binacional no fue mejor. Hace dos noches acabó su participación copera con una estrepitosa caída en Brasil a manos de Sao Paulo (1-5) y se convirtió en el equipo más goleado en una fase de grupos al acumular 25 goles en contra en seis partidos.

Pero la decepción es compartida. En esta misma edición de la Libertadores, Universitario y Sporting Cristal ni siquiera pudieron llegar a fase de grupos. Incluso los celestes fueron vapuleados por Barcelona, que les propinó un doloroso 4-0 en Ecuador.

Lo cierto es que, más allá de algunos chispazos, los clubes peruanos llevan más de 20 años de descalabro en descalabro. Así como décadas atrás los hinchas ansiábamos con que el sorteo nos permita enfrentar a elencos bolivianos o venezolanos, hoy el continente nos mira con ese mismo aire despectivo. No competimos. Somos los ‘fáciles’, los rivales que todo club espera para sumar tres puntos casi sin mayor esfuerzo.

¿Cómo revertimos esto? Fortaleciendo la institucionalidad, mejorando la organización. Trabajando. Pero como a la dirigencia de nuestro fútbol no le interesa romper el statu quo porque eso significaría darle incentivos a los clubes para que se hagan fuertes y potencien sus divisiones menores; y hacer de la Federación Peruana de Fútbol una institución transparente, con poderes para organizar campeonatos simples y competitivos, los fracasos siguen –y seguirán- acumulándose.

Mientras tanto, mucha correa y buen humor porque, tal como van las cosas, los hinchas que hoy ríen, el próximo año serán víctimas de las chanzas cuando les toque competir en el exterior. En el fútbol peruano nadie se salva de ser protagonista de una vergüenza internacional.